Las palabras integran

Las palabras

Deshabitados de sí mismos los gallos en sus cantos,
las artes en sus obras desangradas
y la palabra, claramente deletreada, la palabra,
resistente a los glaciares, la palabra.

Fuerte, más que garra, libre como águila,
más que colmillo o que cualquier otra herramienta
una guitarra, la palabra, una flameante condición de ala.

Y… rápida o pausada, insípida, monótona,
ligeramente aguda o decididamente llana,
la palabra, de profunda carga interna,
de superfluos pimpollos, de sedosos arrullos,
de oraciones macabras.

Azucarados los diálogos amantes
y el anciano, cuando no un idiota,
un difícil cargamento de consejos,
la mayor parte de ellos ya vencidos y obsoletos,
aunque algunos relativamente buenos, casi siempre los primeros,
despolvados del recuerdo con paciencia de plumero.

Nada son las palabras, sólo eso,
si luego se las lleva el viento,
van y vienen, se atropellan,
se destilan cual vapores del cerebro.
Son sonidos similares para el mismo pensamiento,
las palabras son las pausas del silencio.

Mas si escritas libremente en un papel,
o pongamos por ejemplo una pizarra,
son las manchas que produce el silvapen
en la vítrea consistencia de la chapa.

Si las usa en su defensa un abogado,
o la suelta alguna boca de cerveza,
si las llena un candidato de promesas
o las pone el canillita en la mañana,
a dos pasos por debajo de tu puerta…

¿Qué se puede reprocharle a la existencia,
si de palabras miles y millones de ellas,
está hecha la Biblia, el Kama Sutra, El Capital,
la Gran Pirámide y la cultura toda de los pies a la cabeza?

Las mis propias, que se van como un arroyo,
que no tienen remitente confirmado,
las que luego se hacen más concientes
de la extraña intervención de los factores
que al no ser tampoco concernientes,
ya no son nuestros problemas,
sino un juego desde afuera controlado por terceros,
no inferiores, de los que nunca supimos ni sabremos
y ahora mismo apenas menos, porque sólo sospechamos.

¿Y produce esto cabeza o reproduce los dolores?
Me parece que son siempre mis dolores de cabeza,
Las palabras, mis jaquecas, mis relocas emociones.

Daniel Stack

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