El rol crucial de los pueblos sometidos

Los imperios caen y se levantan

Los imperios caen y se levantan

El rol crucial de los pueblos sometidos
Daniel Stack 2005

Introducción

No cabe duda que el apelativo “países en vías de desarrollo” fue un recurso lingüístico para ocultar, mientras se pudiera, el sometimiento de grandes poblaciones al despotismo de grandes poderes.

Hoy no existe casi el intelectual, analista o investigador del genoma político-social que no se percate de la antropofagia masiva de una cultura dominante por otras dominadas.

La bestia engulle a los “formatos” económica y militarmentemente débiles, crece su potencia y capacidad de caza. La bestia se sienta en la cúspide del faraónico esquema trófico-social avalada por la irascible ley del más fuerte.

“El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente”
Lord Acton

Ocurre también que, en estos escenarios violados y violentados por la fuerza bruta de la bestia, vive gente oprimida, normalmente desinformada, pueblos que no han terminado de asimilar una independencia que nunca han tenido ni de establecer una constitución escrita que jamás ha sido respetada.

Pueblos de soberanías quebradas compuestos por conjuntos de habitantes despojados de sus derechos más elementales, como lo son: El derecho a la vida, a la salud, al trabajo y a la dignidad humana.

Esta exposición no se entretiene en demostrar lo que no necesita demostración alguna aunque, compulsivamente, salten cifras captadas por los indicadores sociales de América Latina donde, en forma reiterada, números rojos nos remiten a la realidad doliente de la pobreza y la explotación.

No pretende este trabajo, por lo tanto, despertar a los dormidos sino que trasciende y se consagra a las mentes despiertas.

Esto porque, una vez “metabolizada” la evidencia del sometimiento, la conciencia evoluciona al tránsito de una senda de reflexión en procura del conocimiento del proceso y del papel que en dicho proceso nos toca vivir a nosotros: las personas subyugadas por la abrumadora influencia de los señores.

Una consecuencia histórica de factores tales como los dos fuertes impulsos de la revolución industrial (En Inglaterra y EEUU)

Le sigue su posterior necesidad de mano de obra y materias primas (El proletariado y la monoproducción)

Tras de esto la progresiva expansión de los mercados (El libre comercio que trae como resultado inherente la dependencia económica de las regiones menos desarrolladas) y la presión que ejercen y han ejercido las multinacionales para mantener el orden y la seguridad de sus inversiones en los paisitos marionetizados” (La instalación de dictaduras militares y la corrupción de los gobiernos)

Termina por cuajar en las seudo democracias tercermundistas.

Formas aun más villanas de supremacía: la opresión impuesta por los empresarios privados.

Todos estos condicionantes cuajados en un manifiesto “Imperio del sol poniente” (imperio de las empresas occidentales) acarrea un sin número de malformaciones en nuestra sociedad, aberraciones todas que ya han sido expuestas por múltiples autores.

Sin embargo, tal vez por lo elemental y básico del planteamiento, pocos se han interiorizado en el principal factor que hace de cada uno de nosotros potenciales tiranos, esclavos del poder mediante el cual esclavizamos a otros: la ignorancia que el mando ostenta.

No se debe olvidar nunca que nosotros mismos además de explotados hemos sido pupilos del Imperio y que por lo tanto hemos hinchado nuestros pulmones respirando aquel turbulento gas de la inconsciencia.

Muchas de nuestras monstruosidades serían visibles si tuviéramos la libertad de acción que el trono otorga.

La “libertad” de concretar daños que rebasan nuestra capacidad destructiva. No todos tenemos oportunidad de cargar una bomba atómica para saber cuales atrocidades somos capaces de realizar y cuáles no.

“A la mayor parte de los que no quieren ser oprimidos no les disgustaría ser opresores”
Napoleón Bonaparte

A propósito de esta “hipermetropía” de la conciencia humana, que da lugar a formas injustas de dominación y jerarquías, es que este trabajo toma carácter y consistencia.

Un análisis del proceso individual que transportado a gran escala refleja el organismo social y una visión verosímil de evolución colectiva, es el tema que se desarrolla aquí y en cuyo andamiaje consiste este pliego y por el cual se caracteriza.

Comprender a la humanidad como un ser y al ser como una humanidad puede ser el mejor análisis clínico efectuado a una cultura agonizante.

Etiología del trastorno social

Si en la célula o en el ADN puede haber información biológica de todo el organismo, en el sujeto, clan o grupo tribal deberían hallarse rasgos comunes presentes en el caldo público que ensopa actualmente la infraestructura aprobada por el pacto representativo.

¿Quién no se ha visto una y otra vez reflejado en las acciones y reacciones del poder?

¿Cuántos hemos sucumbido bajo su influjo y rebrotado luego, como al principio de los tiempos, nuevos de cuerpo y alma?

Las flaquezas del sistema son nuestras flaquezas. La vacuidad que empobrece a las naciones está paradójicamente llena de nuestros propios vacíos personales y no por ello menos insondables.

Mucho se ha discutido sobre la necesidad que tiene la vida de organización, lo indispensable de la autoridad y de la tendencia de las civilizaciones a estructurarse en formas piramidales y elitistas.

Castas, estamentos y clases podrían ser secuelas del primitivo orden cavernícola de la manada donde el instinto de sobrevivir era y sigue siendo el lema político social más importante.

Sin embargo, el rigor de las leyes reclamadas, cuando no existe igualdad entre los elementos del conjunto, afecta a los ciudadanos de distinta forma.

“La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohibe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”
Anatole France

Casi no hay referentes que indiquen la existencia de comunidades libres de toda obligación social o ajenos a cualquier ordenamiento.

Hasta los pueblos aborígenes contemporáneos menos influenciados por nuestra cultura (Los yanomamis, pigmeos, siux, etc.) lo mismo que los legendarios bárbaros de antaño, respetan una jefatura y se rigen por determinados preceptos.

¿Es necesaria entonces la jerarquía y el vasallaje?

¿Es quizá el propio desenfreno de sus actos el que clama, en el viviente, por un moderador externo que le ponga límites?

¿O es el miedo a la incontinencia de los otros el que pide leyes y derechos, el que solicita penas y condenas para los trasgresores?

Si la primera pregunta sólo puede responderse positivamente estaríamos hablando de una apología del esclavismo.

Sin embargo, la existencia de formas humanas organizadoras no implican, por fuerza, el abuso de éstas sobre la masa y podrían trabajar en armonía con las otras formas que componen el complejo tejido social.

De hecho en la propia naturaleza cruda se expresan asociaciones, opuestas a las parasitarias, donde especies distintas cooperan entre sí, manifestando una relación simbiótica como el ave que almuerza limpiando los dientes del cocodrilo.

El despotismo y la discriminación no son ingredientes imprescindibles para vivir aunque difícilmente puedan ser erradicados en su totalidad y para siempre.

Que la demanda de un control por encima del “ego” sea en el fondo una autoimposición del mismo ser, remite a la conciencia religiosa.

No se puede descartar radicalmente la existencia de un deseo profundo de superación, una autoridad moral como cuando un fumador pide que le escondan los cigarrillos.

Es la voz del juez interno que habita en la multiplicidad del individuo.

“Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una legislación universal”
Inmanuel Kant

Este límite o coto podría emerger, echando mano del psicoanálisis, del inconsciente individual y colectivo, como elemento inherente de la vida o de la conciencia, si es que cabe, mencionarlas como cosas separadas.

Aun cuando pueda parecer contradictoria la elaboración de pautas y barreras con que la vida se autocontrola, inhibe y condiciona, deja de parecerlo tanto cuando se considera, por ejemplo, el instinto de muerte freudiano que supone un deseo inconsciente, propio en el individuo, de autodestrucción.

“La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe”
Herbert George Wells

La hipótesis que explica el “apetito” de ciertas reglas de comportamiento como defensa ante la amenaza del atropello de “otros” para con “nosotros” tiene una sujeción racional y se reduce a algo tan primario como lo es “poder dormir relativamente tranquilos”.

El estrés no es recomendable para el desarrollo de la especie. Aun así no ha dejado de ser esta una tranquilidad ficticia porque la transferencia del poder de decisión, en cuestiones de interés común, a un ente gobernado por personas degenera en otras formas de atropellos, ahora ya institucionalizados.

Como vemos, la dinámica del poder responde a la mecánica cohesiva y aditiva de los individuos que suman sus voluntades.

Es, así mismo, una demanda de la incertidumbre y la desconfianza que nos caracteriza, el pataleo de prioridades vitales para cada uno de nosotros que se agiganta en la coincidencia del consenso general.

Pero la fehaciente presencia del poderío existe no tan sólo como consecuencia de una necesidad de frenos regularizadores del “instinto a secas”, viene empujado, a su vez, por las ansias de supremacía.

“Debe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo”
Voltaire

En el deseo de dominación (Estímulo del mandatario) y en la aprensión que le genera la muerte al ser existencial (Estímulo del subordinado), toma impulso y voto toda presión o represión social.

En definitiva puede decirse que de la ignorancia, el descontrol y la incapacidad individual se desprende la dificultad de pragmatizar un anarquismo pleno y consciente, sin la supervisión externa de los jueces ni la recurrencia en el respeto por las escrituras.

Una sociedad evolucionada no necesita que le digan como hacer las cosas.

Queda claro que la filosofía de vida de la cultura occidental da formato y se formatea en la sicología individual porque la parte está presente en el todo por naturaleza.

En este punto comienzan a coincidir la física, la filosofía y el sentimiento místico.

“Los recientes descubrimientos ocurridos en la cosmología nos están sugiriendo de un modo muy insistente que las condiciones cotidianas no podrían existir, sino fuera por las partes distantes del universo; que todas nuestras ideas sobre el espacio y la geometría dejarían totalmente de tener validez si las partes distantes del universo desaparecieran”
F. Hoyle (Londres 1970)

Siendo así las cosas podrían venir las soluciones sociales de la psicología. Fusionando así el conocimiento, que el viejo cientifismo se esmeró en fragmentar, cabe un consejo familiar sugerido por un polítologo y un pronóstico metereológico nacido de un especialista de los huesos.

Cuestiones todavía más audaces y aparentemente más inconexas quedan enlazadas en la Teoría del caos donde “el vuelo de una mariposa en New York puede generar una tormenta en Amsterdam”.

Tal vez por la inexistencia de espacios separadores, en la realidad última, el “Conócete a ti mismo” sea una invitación a la aventura por el cosmos.

La red conceptual que exuda nuestro tiempo es la continuación inmaterial de nuestro propio cuerpo, los vapores de una cronológica memoria común que tiene, por ende, receptores también comunes en nuestros cerebros.

La psicopatía del sistema y la rebelión contra el sistema son aspectos aparentemente opuestos que tienen su cuna en la esquizoide naturaleza del “yo” multiplicado.

Tesis y antítesis divergen desde un punto donde tal divergencia se colapsa, emergen desde un núcleo sin extremos, un resumen distinto a lo que muestran los sentidos porque, contrario a la idea de un natural perfecto, es evidente que de ellos y de su archivo empírico (La memoria) proviene la discapacidad de reunir tal polaridad existencial en una misma esencia.

Dosificación adecuada de los fármacos

Como en todo medicamento, dentro de la cápsula anti-imperialista, pueden encontrarse compuestos nocivos que despliegan una lista de contraindicaciones o efectos adversos.

El cuerpo social busca los caminos viables de paliar su cáncer neoliberalista y para ello debe acudir a los antígenos que están latentes en el mismo organismo.

Éstos son los argumentos (las bases) que enarbolan las ideologías que se oponen diametralmente a la “cultura dominante”. Pero la sobredosis de cualquier sustancia activa puede degenerar en nuevas enfermedades producidas por un tratamiento incorrecto.

No se le hace justicia a Marx cuando se pretende eternizar y universalizar su visión del proceso histórico que le tocó vivir.

Mucho más inteligente es concordar con el presidente venezolano, Hugo Chávez, que entusiasmado por la situación de la región aseguró: “hay que inventar un nuevo socialismo, ambientado al nuevo siglo”.

Pero tampoco es apropiado relegar la teoría marxista al pasado cuando vemos cumplirse en el presente gran parte de sus predicciones con respecto a los problemas que el sistema capitalista acarrea.

La invalorable ayuda marxista en pro de la conciencia social converge también en un horizonte ideal donde todos somos hermanos. Hacernos conscientes de ese parentesco universal trae consigo las premisas de la justicia laboral y la desaparición de las clases.

¿De dónde emergen conceptos tales como la igualdad, la justicia, el derecho, etc. En el plasma teórico del materialismo diálectico?

¿Qué empuja a este autor a la compasión?

El propio Marx elude el trasfondo espiritual de su humanismo sentando sus argumentos en una inflexible refutación de Dios (El ateísmo)

Algo grande le queda a Marx aventurarse más allá de la problemática social humana. Por desgracia esta carencia ontológica le restringe la entrada al Partenón dándole un espacio preferencial entre los pensadores sociales pero dejándolo al margen del origen del ser y su nauraleza.

Aun así, el genio que escribiera “El Capital”, no negó categoricamente la existencia del espíritu, quiso asociarlo a planos muy sutiles de la materia.

El alma, para él, era una emanación física, un tipo de materia super-evolucionada.

No se percató, tal vez, de que el “yo” consciente (El pensamiento racional y los sentidos) es el creador de la materia y no la materia creadora del “yo”. La dependencia entre las cosas y el aparato que observa las cosas (el observador) es ya una realidad aceptada por la física moderna.

En los tiempos inmediatamente anteriores o contemporáneos a la emergencia de la Relatividad y la Mecánica Cuántica, la opinión que se tenía de la ciencia era antagónica a la aceptación de un “algo” trascendente a la materia.

Hoy, en cambio, se conoce que la conciencia que percibe contamina, por decirlo de alguna manera, lo que ve y es más razonable pensar que el cuerpo es fruto de la mente y no que ésta es consecuencia del cuerpo.

“En la física atómica, nunca podemos hablar de la naturaleza sin, al mismo tiempo, hablar sobre nosotros mismos”
Fritjof Capra

Si bien es cierto que poco convence la idea de un Dios creador y perfecto, no es la refutación marxista la más apropiada a la hora de demostrar la inexistencia de ese Dios: “El hombre creó la religión y no la religión al hombre” porque con igual autoridad podrían cuestionarse (Si el argumento fuera válido) la teoría evolutiva de las especies, las teorías celulares de la reproducción y las leyes del Mendel expresando: “El hombre creó la biología y no la biología al hombre”.

Es un hecho que la existencia del dios burgués, antropomórfico y narcótico se cae ante la sola mirada. Incluso son contradictorias las propiedades de ese dios “perfecto” capaz de hacer un mundo lleno de imperfecciones.

Pero no se desploma ninguna teología con un simple juego de palabras porque el “sentimiento religioso” es probablemente anterior al lenguaje y a sus derivaciones conceptuales.

Debemos, pese a todo, recordar que Carl Marx fue testigo del influjo opiáceo de la Iglesia sobre la gente de principios del siglo pasado y de los intereses que se protegen mediante el cultivo de ciertos valores y modelos sociales.

En aquella época, los nuevos letrados se sentían impregnados por cierto desprecio intelectual ante cualquier elemento religioso.

La casi eterna complicidad de la Iglesia con el poder genera mucha desconfianza hasta nuestros días.

Sobre todo si lo que se impone es un padre celestial corrupto que vende el cielo en parcelas y hace oídos sordos al pobre siempre pisoteado. Parece imposible no volverse ateo luego de recibir este tipo de mensaje divino:

“(“Según Dios, los sufrimientos de los últimos 50 años fueron innecesarios”) Durante los últimos 45 años, el Comunismo fue el primer dolor de cabeza de Dios. El segundo dolor de cabeza es la inmoralidad y la corrupción que corren desenfrenadas por el mundo moderno. El tercero es la división y falta de unión dentro del Cristianismo y entre las religiones del mundo”

(La perspectiva mundial centrada en Dios) Antonio L. Bentancour (Porta voz del Reverendo Moon)

Hoy, en la medicina para los trastornos de la raza, es un requisito inexcusable percatarse de la fórmula constitutiva del jarabe antes de llevárselo a la boca.

La aparición de movimientos de índole marxistas y cristianos al mismo tiempo es una clara prueba de que no son del todo imprescindibles ciertos ingredientes de la receta (La teología de la liberación, entre otros) No hay verdadera discrepancia entre los principios de la izquierda y la lógica que deduce un “más allá de lo inmediato”, un orden en el que todo fenómeno está incluido pero que contiene, además, elementos intangibles para nosotros.

La institucionalización de la afinidad genética

La base de nuestra sociedad es la familia. Puede decirse que ella es la célula elemental de la comunidad por lo que conviene examinar su naturaleza.

El núcleo de individuos que gira en torno al matrimonio contiene en su interior la semilla que una vez hecha árbol no es otra cosa que el orden oficial. Desde el punto de vista económico se observan, en la familia, enormes paralelismo con la estructura del sistema.

Estas semejanzas, sobre todo en lo que concierne a las llamadas relaciones de producción y derechos, contienen otros reflejos también comunes como lo son las relaciones de poder y la capacidad de mando del jefe de familia.

Este régimen patriarcal tiene su origen en tiempos de la colonia en el que, el mayorazgo, constituía el cimiento.

El padre era la autoridad principal y por la función de la primogenitura se conservaba la unión y la sujeción de sus posesiones. Así es como, la línea de sometimientos comenzaba en la casa y concluía en el Estado.

Con buena razón se dice que el matrimonio y la herencia es una sociedad legalmente establecida.

Pero así como los abusos del poder amenazan la integridad del cuerpo social, el matrimonio ha caído en desuso quizá por razones similares.

La crisis moderna de este bastión familiar crece, y de manera directamente proporcional, se percibe una disolución del sistema dominante.

¿Qué fuerzas cohesionan el clan y le dan la tesitura actual?

¿Dónde esta la falla de esta disposición política que hace agua y amenaza con hundirse en el océano de los modelos fracasados?

Intentando dar una respuesta a las preguntas anteriores podríamos identificar, como causal de toda tipificación humana, a la condición (también humana) de percibir límites donde no los hay.

La parcial e intensa identidad “calienta” el espacio circundante y, en la termodinámica expansión del yo, el ser humano ama lo próximo y lo humaniza a su imagen y semejanza.

Es absurdo, aunque muy habitual, sufrir más el pinchazo de una espina que la guerra despiadada que azota a Medio Oriente o fastidiarse con mayor énfasis ante un corte de luz que por la hambruna africana o la carrera armamentística. No se siente el dolor del desconocido, no se ama lo distante, no se piensa en lo remoto.

Salta a la vista que la insensibilidad toma cuerpo en la dificultad de llegar más allá del protagonismo individual. Por eso se ama lo cercano y se siente lo contiguo con subjetiva vehemencia.

“Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene”
José Martí

La importancia de un suceso social nos tocará en tanto nos alcance su repercusión, ya sea por su magnitud o su cercanía, siguiendo una lógica paralela a la ley de gravitación universal.

Aparecen, ante nuestros biológicos sensores, infinidad de “fragmentos” que justifican la filosofía del fragmento, la defensa de lo propio y la lucha por la apropiación.

Sin embargo, estos contornos que nos hacen hacer, sólo existen en la apreciación del que examina un universo ilimitado.

La persona, la familia, el barrio, la patria, son conceptos que involucran esta noción. De no ser así, la persona no existiría como tal ni tampoco la gama de fenómenos que de ordinario manejamos ya que los objetos y los sujetos se confundirían en la evidencia de lo continuo.

Paradójicamente a la función estructural que se le atribuye a la familia, como ladrillo básico de la sociedad, la influencia del grupo familiar pierde rigor en la medida que el sistema se hace cargo de las necesidades educativas, sanitarias y laborales del individuo.

Debido a un sin número de razones circunstanciales, el común de los padres, no tienen en sus manos el tiempo y las herramientas necesarias para abocarse a la educación de sus hijos.

Cabe preguntarse si el objetivo último de una sociedad evolucionada no es convertirse en la familia genuina de sus protegidos. Esto se acercaría a una conciencia de “unidad” donde los caracteres narcicistas, localistas y nacionalistas perderían sentido.

Una gnosis muchas veces predicada por el espíritu místico-religioso y promulgada también por las teorías políticas que hablan de la compasión hacia el desamparado.

Con respecto al egoísmo primitivo del ser antropocéntrico (En realidad inconsciente), el sentimiento familiar, se torna hasta sublime en la medida que se piensa en alguien más. La visión perturbada del ególatra no reconoce ni siquiera al consanguíneo.

“Un pariente pobre es siempre un pariente lejano”
Alfred D’ Houdetot

El amor hacia los seres queridos supera la barrera del amor propio. Pero no deja, esta pasión, de ser reflejo de un instinto arcaico de la prole si se lo compara con la sensibilidad que improvisa el desprendimiento de lo “propio” en la reconciliación del “yo” con “todo lo otro”.

No es lo mismo interpretar el “Amaos los unos a los otros” como un deber de obediencia que saber que “los otros” son una distorsión visual de lo que somos todos. Amar a los otros es estar sensitivo a los otros y en última instancia sentirse y ser los otros.

“En un acto social, cada uno disfruta de los demás”
Charles Baudelaire

El camino del conocimiento y la realización humana parecen ir desarrollándose a partir de una perspectiva inmediata y localizada hacia una visión trascendente y total.

La sensibilización, más allá de la inmediatez del ego, comienza en el reconocimiento del entorno y no termina nunca aquí o allá.

Sintomatología del ocaso

Visualizamos la hegemonía del potentado aunque éste se camufle una y otra vez en sociedades anónimas y entidades invisibles para evadir su vergonzosa condición y responsabilidad.

Sabemos que está ahí como flamante producto cultivado por el propio sistema. Gran parte de nuestros anhelos y dificultades no son otra cosa que emanaciones del sistema y del aire contaminante que lo envuelve.

Pero implícita en el hecho de su actual existencia permanece la realidad ineludible de su fin. No hay otro futuro que el ocaso para cualquier estructura fabricada en el tiempo que en el tiempo mismo haya forjado sus raíces.

Ese poder que no tiene hoy un lugar establecido, que como un huracán deja las huellas catastróficas de su carrera entre los pueblos y culturas, que asesina sin firmar, tiene bajo el brazo su condena de muerte irreversible y letal.

Sería ingenuo desconocer las implicancias que se derivan de la ingesta social de la que vive el rico-blanco-anglosajón; consecuencias que afectan al pez grande en la medida que incrementa peces chicos en su dieta y estos nutrientes, nosotros mismos, van, por ley de conjuntos, ganando lugar y voto en las entrañas del depredador.

“Somos lo que comemos”, el poder tiene una dependencia recíproca de sus súbditos y no hay mucha distancia entre la relación sometedor – sometidos y la inversión de los papeles de tal relación.

“En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él”
John Fitzgerald Kennedy

Al amo se le escapa la libertad cuando se ha hecho adicto al esclavismo y en lo profundo también él se esclaviza en el sistema. No es difícil tampoco distinguir esta inversión de los roles cuando se observa la acción pasiva de la multitud sometida.

Pasiva porque su revolución, en vez de abrirse paso por las armas, se adueña del mapa político siguiendo otras vías menos explosivas y aun más concluyentes: la corpulencia demográfica creciente, que le da peso númerico y electoral y su dinamismo imprescindible dentro del sistema.

La pasividad de la acción obra el suceso en un jardín coherente y orgánico, sin el riego asiduo de la sangre y con los fertilizantes de una lógica matemáticamente indiscutible.

El “cambio de paradigma”, que Khun explica como un salto evolutivo de orden social y cultural, puede estar asociado al progresivo crecimiento de las que fueron minorías abatidas.

Esto habla de la influencia potencial de los “modelos recesivos” dentro del sistema dominante.

Recesivos en un sentido de latencia ya que sobreviven dentro de la bestia y conforman la información genética donde se desarrollará la oposición.

Un frente de alta presión avanza en la dirección presente a la que nosotros a su vez nos acercamos y el cambio de clima sólo es cuestión de tiempo.

Un estudio realizado en el 2004 por la CEPAL pronostica un crecimiento poblacional para América Latina que supone 695 millones de personas en el 2025.

El grande ve crecer su área de dominio, área que, al tiempo de expandirse, se le hace más difícl de manejar.

No sirve el genocidio al propósito del déspota, sino en última instancia, la inconveniencia de cometerlo no pasa, generalmente, por oposición de sus principios, de cualquier forma inexistentes o mal llamados así, por ese nombre, ya que están subordinados a sus intereses personales.

La bestia no quiere matar a dentelladas ni a zarpazos al laborioso “Juan Pueblo” que le da de comer. La bestia se cuelga de esta masa viva y le chupa, con cuentagotas, la sangre. La matanza se lleva a cabo, de todas formas, lentamente, como el que cava un túnel con una cuchara.

Tiene su actractivo para la bestia este método de masacre porque la evidencia que lo apunta como asesino se dispersa, las pistas aparecen borrosas en una vasta escena del crímen comunmente llamada “existencia del paria” o “ deglución y digestión de los pueblos sometidos”:

No hay culpables claramente demostrables. La masa no distingue la realidad depredadora del animal, no lo ve actuar y, si no se puede ver al enemigo, será imposible entonces contrarrestar sus golpes.

Pero si bien la sistemática lentitud del masticar bestial representa enormes ventajas estratégicas para ella existe un factor de desequilibrio que sin embargo equilibra las posibilidades para el oprimido:

El alimento preferido de la bestia se reproduce dentro y fuera del “rugiente animal fenicio” a un ritmo escandaloso. Es la lícita revancha de las cucarachas que desovaron, antes de morir envenenadas, resistentes larvas con el antídoto puesto desde el huevo.

Por otra parte, tampoco se trata de vaciar el continente; el rey necesita de un reino viviente donde poder ejercer su mandato. Su potestad sólo sobrevivirá en la medida que la plebe entienda como un menester ineludible la presencia de dicha autoridad.

Pese a esta interdependencia entre el arriba y el abajo se conoce que el poder socaba ansiosa y silenciosamente no tan sólo la libertad de los pueblos sino también su voluntad.

De ahí el concepto de alienación y manipulación de las masas que tanto preocupa a los defensores de la opinión y la elección libres.

“Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”
Octavio Paz

Sin embargo, esta resistencia al cambio social demanda un gasto energético insostenible para los interesados, porque el ecosistema clama y se moviliza por la diversidad y la transformación de formas sociales, políticas y religiosas.

Una patraña tiene piernas cortas y el sistema de vida occidental, que por cierto se ha extendido mucho más allá de su habitat de origen, se fundamenta en la ficción sicológica de una supuesta autonomía individual y en la esperanza absurda de una propiedad personal y definitiva de los bienes.

La caída de los imperios, la mayoría de las veces, no proviene del enfrentamiento y la derrota ante otras potencias. Se desprende desde el mismo seno imperial donde se reúnen los pueblos conquistados, aculturados, absorbidos por la bestia.

La situación política e ideológica del imperio se vuelve compleja y caótica en las interioridades de su propio sistema digestivo. Los conflictos internos entre etnias subyugadas y el impacto demográfico de la inmigración (20 millones los latinoamericanos viven fuera de su país de nacimiento, de los cuales el 75% se encuentran asentados en Estados Unidos), desestabilizan los cimientos de la superestructura y dejan más vulnerable a la bestia para las invasiones bárbaras.

Ante la inminencia del fin zoopolítico de la bestia, nosotros, la extensa comunidad mal digerida que se atraganta en su bulímica filosofía del poder y le provoca vómitos, somos la bacteria que enferma al monstruo o el mágico bálsamo que lo convertirá en ángel y protector de los pueblos libres.

El sistema se viene abajo. La burguesía advierte el funesto panorama que se avecina en un mundo monopolizado por “cuatro” amos que deciden el hoy y el mañana del planeta.

Las clases medias y las napas sociales que, sin ser extremadamente ricas, disfrutaron y participaron del placer burgués se han estado precipitando a los niveles inferiores como resultado del sistema.

El pequeño empresario, el mediano productor, la industria local y toda forma intermedia tiende a desaparecer y la pobreza se hace numericamente insoportable. Polarizados, en el otro extremo, los opulentos, que son cada vez menos, multiplican su poder adquisitivo e influencias a niveles astronómicos.

No es difícil percibir la última fase del sistema. Es la etapa en que la hinchazón del globo supera su gomosa resistencia. La solución ya saturada y sulfatada, la expansión desesperada de un big bang socialmente antisocial que no puede contener sus consecuencias. Se infla el mercado de productos estériles, deben ser baratijas al alcance del bolsillo de la masa pobre.

La masa es muchas veces el obrero que no puede dejar de comprar las baratijas, aunque cada vez menos.

Se rebaja el jornal del jornalero para abaratar los precios, se compite reduciendo lo único que se puede achicar, el consumo de proteínas del trabajador, se minimiza su calidad de vida, la de su familia, la dieta de su perro.

Pero aun así se vende menos. Y la caída de las ventas, la inflación, la devaluación, la recesión no son más que dulces tecnicismos para nombrar un amargo ajenjo en la doble y vivoreante lengua de la bestia. La terrible certeza marxista de una muerte próxima oscurece ya su horizonte babilónico.

El peón que corona

El reciclaje de las culturas parece tener una lógica propia que rebasa el sentido común inmediato de la mayoría de sus componentes.

Esta apreciación no significa que algunos de nosotros no podamos distinguir una suerte de personalidad de masas.

Historiadores, antropólogos, sociólogos y sicólogos son algunos especialistas que testean el comportamiento de estos seres colectivos en períodos prolongados de tiempo y tomando en cuenta una estadística de grandes volúmenes de personas más o menos agrupadas.

Nacimiento, apogeo y decadencia serían las tres fases (infantil, adulta y senil) de estas formas grupales organizadas que en realidad jamás desaparecen totalmente sino que sobreviven como los caracteres del cromosoma, en las posteriores estructuras de ordenamiento social: las culturas herederas. Nada se pierde todo se transforma.

Siguiendo con el razonamiento anterior y apuntando al encabezamiento de este ensayo es el momento de aproximarnos a los que serán protagonistas del nuevo paradigma.

La bestia se quema desde sus entrañas y la nueva cultura corta el cordón ganándose un lugar único por su considerable aporte de soluciones.

“El progreso consiste en renovarse”
Miguel de Unamuno

Las fisuras por las que se escapa la vitalidad del sistema tiene su maqueta miniaturizada en los dolores particulares del hombre moderno y de este mismo personaje se desprenden los vapores de la sublevación.

¿De dónde saldrá este saneamiento y revolución del pensamiento planetario? ¿Cuál de todos los pueblos subyugados posee interiormente la potencia de emerger?

Hay indicios del futuro que nos tocará vivir. Dispersas, por diferentes áreas del conocimiento, están las piezas que forman este nuevo orden que golpea nuestras puertas.

Clama precisamente desde el “yo” una voluntad subyacente que ansía liberarse de la trampa del mismo”yo”. El descontento individual asoma como descontento grupal y este se plasma en la emergencia de una mutación expansiva del espíritu y de las reglas del juego.

“Gobernar es rectificar”
Confucio

Por una cuestión de equilibrio y compensación se podrían descartar, aquellos centros que ya han tenido el gusto de ser imperios.

Naciones como Inglaterra o Francia, que ya han llevado el cetro mundial durante varios siglos son experiencias gastadas sobre tierras carcomidas y poblaciones avejentadas por el peso de una larga tradición.

La Unión Europea puede ser una potencia respetable y su socialismo moderado un prudente posicionamiento político pero el salto de conciencia social e individual no encontrará novedosas creaciones en un bolillero tantas veces maniobrado: ya no hay amalgamas nuevas en la combinatoria del viejo continente.

Los candidatos deben estar avalados geográficamente por un apoyo real de recursos naturales e impulsados por la euforia anímica de ser algo que nunca fueron.

Tienen chance las regiones y poblaciones relativamente jóvenes con energías suficientes para el ensayo y la implementación de políticas inéditas.

Otro factor, posiblemente muy determinante, es el de la diversidad cultural y genética. Para obtener nuevas y geniales ocurrencias se necesitan exóticas mixturas e impensables relacionamientos.

Otra vez volvemos al parámetro particular para afirmar esta teoría del mestizaje como factor evolutivo: La dinámica de la evolución viene de la mano del intercambio de caracteres y de los errores en el código genético.

Es bastante conocido el deterioro biológico que se suscita en las familias endógamas donde el incesto contribuye a la acumulación de caracteres negativos (recesivos) que no convienen a la raza.

En ocasiones el propio estrés explota en genialidad. La invención de la bomba atómica, en la que trabajó arduamente Openheimer, tuvo componentes críticos de presión ya que no se disponían de los recursos ni del tiempo necesario: Los norteamericanos debían llegar antes a la reacción radiactiva que los alemanes del Tercer Reich. Este elemento de angustia también puede estar involucrado en el proceso de transformación ya que la actitud dictatorial de la bestia va en aumento y los pueblos sometidos deben agilizar sus inteligencias para no perder pié y desaparecer de la faz de la tierra.

Los países que han estado dentro de la abultada panza del saurio han sufrido en carne propia el ataque corrosivo de los jugos gástricos del animal. Son razas con una experiencia vivida en el umbral de la muerte.

De ahí mi obstinación de sentirlos y verlos como agentes de una información muy por encima de lo conocido. Son los pueblos que por su desesperada situación dentro del mapa político mundial, su impresionante mixtura genética y sincretismo cultural, su genuina riqueza territorial y productiva, serán los visionarios y conductores del cambio de orden.

Con estas pautas preliminares no resulta difícil relacionar los presentes cambios en la política latinoamericana con la mutación de la conciencia colectiva que se viene abriendo camino desde las aguas profundas del inconsciente humano.

Nuestra América se prepara para sacudirse las cenizas del oprobio; nuestra hispano hablante tierra indígena ya no soporta más el peso del gigante y le deja caer. Esta región parece ser la cuna del nuevo mesías.

No un mesías bíblico ni apocalíptico, no un personaje individual de carne y hueso, no un ídolo con los pies de arena. El salvador es un ser mayor en el que todos estamos inmersos, una corriente interminable de lucidez y certezas: el conocimiento de nuestra propia naturaleza.

“Aquel, que habita en todas las cosas, y sin embargo es diferente a ellas, a quien ninguna cosa conoce, cuyo cuerpo son todas las cosas, que controla todo desde dentro…”
Brahad-aranyaka (Upanishad)

Las bases para la formación de un nuevo bloque se están solidificando en estas tierras. Los presidentes Néstor Kirchner (Argentina), Lula Da Silva (Brasil), Hugo Chávez (Venezuela), Tabaré Vázquez (Uruguay), Evo Morales (Bolivia) y sin duda, abrazando el ejemplo de la resistencia castrista al Imperialismo, pretenden unificar posiciones ante los organismos multilaterales y avanzar con esos países en la agenda energética y de desarrollo industrial.

Pero esta toma de posición no es más que el principio de la revolución de la conciencia planetaria.

La confraternidad y armonización entre los países de esta América Latina Hermana se fortalece tradicionalmente en el ejemplo bolivariano, artiguista y en la visión que el libertador San Martín nos legó como preciada herencia.

Aunque el fuego eterno que arde en la esencia de las cosas es un presente continuo que no necesita de reseñas históricas, también esas voces del ayer nos ayudan a comprender que somos la misma cosa y que debemos ayudarnos mutuamente.

“No existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación”
John Stuart Mill

La misión de estos pueblos trasciende entonces el limitado ámbito de la organización humana porque apunta a un itinerario del que el hombre no es más que un eslabón o una sombra apenas dueña de sí misma.

Cuando la finalidad esencial del viviente se abisma en el desconocimiento de lo vasto, la voluntad pierde firmeza y los variados meandros del acontecer político y social pueden ser lineas rectas para unos ojos libres del estrabismo que la parcialidad engendra.

Puede ocurrir que al escalar una montaña, en algunos tramos de la ascensión, parezca uno estar bajando más que subiendo, pero es sólo una impresión del momento. Atendiendo este razonamiento es lícito superar los traumas y las incoherencias de la raza pero nunca arrepentirse de ellas ya que no se sabe a ciencia cierta si en virtud de esos mismos “accidentes” asomará luego la luz.

“Hay ocasiones en que un gobierno debe ser liberal y otras en que debe ser dictatorial: aquí todo cambia y no hay eternidad”
Otto Von Bismark

Los ojos de los más conscientes están puestos en esta zona del planeta. No hay muchas opciones. Una China poblacionalmente inmensa y homogénea busca el apoyo en sus antípodas.

Ella también está agotada por su milenaria experiencia. Pero de ella viene la claridad de su experiencia vieja, suave brisa atemporal que trae el aliento de Lao Tse y la presencia de Mao.

Américas del Sur y del Centro: Pueblos de América, de ustedes, de nosotros, de todos y de nadie el futuro del siguiente minuto.

¡Que sea este el genuino y el último minuto de inconsciencia! Hermanos de la imposible libertad humana saboreen la dulzura de lo cierto, que todo lo bello que el humanismo tiene no es humano, porque la carne existencial no siente más que su propia carne.

¡América sal a despertar al mundo, ayuda a angelizar a la bestia que has estado alimentando, dale hierbas para que aprecie el alimento fresco! Ha llegado el momento de dejar de tirar el carro y de ponernos a vivir. Esa es la misión que te corresponde y que nos llama: A VIVIR, PUEBLOS QUE HABEÍS SIDO SOMETIDOS.

Volver a Ensayos Daniel Stack

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