La información y la existencia de las cosas

La materia

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La información y la existencia de las cosas de Daniel Stack - Trabajo ganador II Certamen de Filosofía del Ciberespacio 2004-

La información y la existencia de las cosas
Autor: Daniel Stack
Publicado en: http://www.filosofia-irc.org/ganador/daniel.html

El par: cosa – concepto

“Todo lo racional es real; y todo lo real es racional”
Friedrich Hegel

De cosas está lleno el mundo y hoy se habla de la cosificación de todo, incluso de lo que no es cosa. Se cosifican las relaciones humanas por los intereses también cosificados, se cosifican los seres y sentimientos, se cosifica el trabajo y el tiempo.

En general, decir cosificación es referirse al materialismo que ha ido ganando espacios en todo el quehacer humano.

El conjunto de esos espacios y las personas que lo habitan es “nuestra realidad”. El propio término, “realidad” trae implícito, desde su raíz latina “res” la noción de cosa.

No parece haber otra verdad más cierta que la materia y el espacio y, arbitrando entre estos dioses mitológicos, la mente humana se adelgaza en la hipótesis materialista.

“La humanidad no es más que un sándwich de carne entre el cielo y la tierra”
Quino.

¿Qué implicaciones tiene esta cosificación masiva en nuestro tiempo? Entre las “consecuencias” más evidentes y desagradables de esta materialización se encuentra la explotación indiscriminada de la mano de obra así como de los recursos naturales y el progresivo deterioro del medioambiente.

La sed de cosas, la demanda de los llamados “artículos de consumo”, explican por qué nuestro hombre moderno representa, contrasta, direcciona, y condiciona todo a la posibilidad de acumular algún beneficio contante y sonante.

No es extraño que, siendo algo tan inmediato y tangible, muchos pensadores se hayan aferrado tanto al fruto de sus sentidos .

“La única verdad es la realidad”
Aristóteles

No estaría errado tampoco alguien que hiciera notar la onceptualización de todo.

Una cárcel, un sello, un uniforme, una profesión, arrastran conceptos tan vastos y complejos que podríamos hasta contraponernos vectorialmente a la hipótesis de la cosificación y exponer una teoría del “concepto” como tergiversador y hasta
identificarlo tal si fuera “creador” de la realidad .

¿Qué se entiende por estas nociones?

¿Qué acepción le conferimos a la palabra “concepto” en este análisis?

Así como “la cosa” es un elemento fundamental en la “formación” del concepto, éste es indispensable a la hora de mirar “la cosa”. Ciertas nociones anteriores a la observación están presentes en la cosa observada.

El concepto se contrapone a la “realidad” del objeto en tanto que éste es una idea que concibe el entendimiento y no un sistema material manifiesto como se supone que es el objeto observado.

El concepto es abstracto, porque no se puede tocar, y se alimenta de asociaciones lógicas y comparaciones.

Abstraer es separar, por medio de una operación intelectual, las propiedades de un objeto para considerarlas aisladamente o para imaginar el mismo objeto en su pura esencia.

Sabemos que todo mito es una extensión, algo caricaturesca, de esta tendencia abstractiva de la mente humana y que las propias teologías se sustentan en conceptos abstractos.

En la escena religiosa la abstracción más sublime no tan sólo condimenta el plato monoteísta sino que le permite existir.

“Quitemos de la iglesia lo milagroso, lo sobrenatural, lo incomprensible, lo irrazonable, lo imposible, lo incognoscible, lo absurdo, y no queda nada sino un
vacío”
Robert G. Ingersoll

Cosa y concepto estarían entonces intrínsecamente emparentados porque todo ser pensante tiene “un concepto de las cosas” y además “un concepto para hacer las cosas”.

¿Es esta visión cosa-concepto una deformación del verdadero sentido de las cosas?

Conteniendo convenientemente la primera reacción crítica, automática, acto reflejo que pone énfasis en la deshumanización que puede estar viviendo bajo esta dupla (cosa-concepto) cabe preguntarse si “millones de años de evolución se estarán equivocando tanto”.

El proceso visible de este contorsionismo, que salta de la materia a la psiquis y viceversa, merece una atención suprema porque contiene información de otro proceso subyacente al primero.

No es fácil, en este punto, diferenciar claramente el concepto de la cosa. Aun más difícil es reconocer que sólo vemos una porción muy pequeña del espectro y que en dicha porción estamos inmersos.

Podría estar ocurriendo una exclusión voluntaria de información en el propio Ser sin otra necesidad que la vastedad del mismo Ser.

Ese descarte de datos es la gama fenomenológica que llamamos universo y, aun más, existimos en virtud de esta exclusión de lo demás, miopía que le permite al Ser el conocimiento de sensaciones tales como el suspenso, la incertidumbre, el miedo, la sorpresa, etc .

“Odio la realidad, pero es en el único sitio donde se puede comer un buen filete”
Woody Allen

¿Cómo se cosifica y cómo se conceptualiza todo?

Técnicamente se cosifica cuando se le atribuyen propiedades de la materia a cuestiones que no son materiales. Se cosifica el cariño cuando se lo intenta medir cuantitativamente o cualitativamente.

El tiempo es mensurable porque posee, ante nuestros sentidos, una dimensión lineal (de pasado a futuro) Pero no tiene una consistencia material.

Aun así se observa a diario una cosificación del tiempo.
Para cosificar el tiempo, el empleado, lo trasporta a horas de trabajo y de ahí a su correspondiente cantidad de billetes.

Este mecanismo es ya instintivo y analizarlo remite inevitablemente al concepto: El billete en sí, no tiene más que un mínimo valor real, su estimación como valor de cambio es netamente conceptual.

Aun así existen casos, cercanos a lo patológico, en que el dinero se acumula sin otro objetivo que acumularlo. Sería este un ejemplo dramático de la conceptualización del medio al que se le enviste como fin. Como el tonto que mira el dedo que indica la luna.

Este breve ensayo no pretende hacer una autopsia galileana a la molécula aunque sí toma en cuenta la opinión científica y los datos que se desprenden de la investigación de laboratorio.

No se trata de que exista una discrepancia con estos descubrimientos. Pero se conoce que el camino filosófico siempre es más corto en la medida que no se detiene a demostrar sus hipótesis ante un tribunal electrónico de sensores de sonido, vibración y temperatura.

Cosa real – concepto abstracto, enfrentados ya cuando, en oposición al racionalismo cartesiano, se levantaron Berkeley, Hume, Locke y otros
defensores de la experiencia, están hoy liderando la interpretación del mundo.

Merece entonces nuestra especial atención su análisis más aun cuando aparecen y reaparecen en la filosofía, en la ciencia y en todo acto donde haya una conciencia recabando datos.

La dualidad que asoma en todos los órdenes de la vida puede tener una matriz única, también dual: el par que ahora mismo estamos tratando.

¿Qué sería en última instancia la polarizada cuestión cosa-concepto?

La sabiduría oriental comprende toda dualidad como una constante universal complementaria. Esa podría ser al fin la unicidad por debajo de toda apariencia dualizada.

“El yang regresa cíclicamente a su principio, y el ying alcanza su punto máximo y genera el yang”
Kuei Ku Tzu, s. VI a de C.

El problema:
¿Qué podemos saber de la realidad? caracterizó a la filosofía poscartesiana.

Los empiristas defendieron la idea de que el mundo es tal como lo percibimos en contraposición al racionalismo reinante que sólo autorizaba a la Razón como fuente de conocimiento.

Kant medió entre estas ideas antagónicas y habilitó ambas visiones aceptando la realidad que perciben del exterior los sentidos, pero haciendo recordar que tal percepción está condicionada o sujeta a una forma interna de percibir.

El tiempo y el espacio, por ejemplo, no estarían fuera sino en el aparato observador así como aquellas propiedades que definen a sujetos y objetos como cuestiones “claras y distintas” .

Seguimiento lógico del proceso perceptivo

“Una falsa ciencia hace ateos; una verdadera ciencia posterna al hombre ante la divinidad”
Voltaire

Llamamos cosas materiales a aquellos fenómenos que se pueden percibir con los sentidos.

Mediante la prolongación de estos sentidos se puede constatar la existencia de fenómenos que no alcanzan a distinguirse con los ingenios naturales de detección .

Esta pauta anterior implica que el mundo material deviene de cierta información interpretada por ciertos sensores. Recordemos a Kant: “das Ding an sich” y “das
Ding für mich ”.

Los sensores y medidores son la percepción directa, que llega como impresiones simples, y la conciencia que almacena y procesa la información como impresiones compuestas.

Tener conocimiento de algo es saber identificar cierta información, guardar en la memoria ciertos datos para poder reconocerlos. Son estas las bases de la CONCIENCIA o pensamiento reflexivo.

Pero antes que cualquier interacción entre lo observado y el observador debe haber cierto parentesco, cierta afinidad, cierta naturaleza común que les permita relacionarse de la forma en que lo hacen.

“Las leyes naturales no son fuerzas externas a las cosas, sino que representan la armonía del movimiento inmanente a ellas”
Del exagrama Yu

Sabemos que estos entes físicos no permanecen . La impermanencia de los sistemas físicos y biológicos salta ante el análisis atómico y celular.

El cerebro, que nuclea los sentidos, se obstina en mantenerlos más o menos intactos por su incapacidad de percibir los infinitos cambios que se operan fuera y dentro de cada cosa.

De percibirlos jamás se reconocería una cosa como tal.

Por lo que las cosas se definen y mantienen por la incapacidad de los sentidos a la hora de notar su hirviente cambio. Ellas nunca son las mismas porque fluctúan segundo a segundo, compulsivamente.

Las “cosas” percibidas se comportan internamente como procesos dinámicos y eso porque las cosas son en la verdad observación y memoria de las cosas.

Éstas no permanecen estáticas porque están o existen en el movimiento expansivo del universo y se manifiestan
mediante el movimiento de sus partículas. Todo ello reflejo de la actividad de la conciencia.

Es, como dijimos en el párrafo anterior, el cerebro o la reunión
de los sentidos los que mantienen la “etiqueta” de cada cosa trabajando, además, en forma estadística.

La interpretación del mundo varía y muta, se hace más compleja, suma nuevas hipótesis y nuevas demostraciones. Además las cosas materiales surgen como resultado de la observación en lo observado.

La observación modifica o condiciona este resultado. Por ello existe también movimiento en la modificación continua de las cosas. A esa emisión de datos interpretables o susceptibles a ser interpretados, llamaremos INFORMACION. De esa información se deriva toda manifestación.

La información en sí no implica dimensión alguna ni parámetros espaciotemporales. La información está o es, independiente a la interpretación que se tenga de ella. La interpretación de tal información sí aporta estas coordenadas.

Aparece entonces la velocidad de interpretación y la capacidad de interpretación y en ellas el tiempo y el espacio: Cuanta información se puede interpretar y en cuanto tiempo.

Velocidad y capacidad de captación de información podrían estar determinados por la unidad a la que llamaremos VELCAP.

Es por tanto, el tiempo y el espacio, una medida de límite de la conciencia del Ser con respecto a esta información que está o es. Alude a la lentitud o rapidez en el proceso de datos.

Lo que Hume denomina como un “rayo o haz de percepciones”, es el “yo” viejo y conocido con el que cada uno se identifica; el ser semiconsciente que Freud señaló como desprovisto de voluntad y que responde sin saber a un Ello más vasto y profundo que habita en el inconsciente .

“Aquel en quien el agua, la tierra y la atmósfera están tejidos. Y que el viento, junto a toda la vida que respira, reconoce como alma única”
W. Heisenberg

El “yo” parece aquí una porción más compleja dentro de la información tal que puede interpretar, guardar y procesar dichos datos, pero no puede ser sino la misma cosa: Información.

Un complejo de información parcialmente sensible a la otra información.

La conciencia relativa sería entonces una forma yuxtapuesta de “información sobre información” que le da a ésta una consistencia de otro orden.

La reacción química entre dos compuestos es un tipo de sensibilidad, una forma de conciencia. Porque reaccionar ante algo se parece o es un reconocimiento de lo otro.

Cuando un perro se eriza ante un peligro demuestra estar teniendo cierta conciencia del problema porque se constata un cambio en su comportamiento.

También las partículas subatómicas demuestran algún tipo de sensibilidad ante la presencia de otras partículas . Ésta conciencia básica entre electrones se manifiesta en su recíproca repulsión, definida por el físico W. Pauli como el Principio de Exclusión .

La interpretación (desde la conciencia cuantizada) puede afectar o interpretar una parte mínima de la información, esto significa que se puede estar captando una parte de la información total.

En tal caso habría una conciencia parcial de lo que es el universo en última instancia, tal restricción vendría condicionada por los velcaps. Ahí donde no hay causas ni espacio, ahí donde no hay tiempo ni definición.

Una visión coherente que corresponda a una conciencia absoluta no estaría limitada dentro de los parámetros espaciotemporales ni condicionada a las categorías kantianas.

Nociones como lo instantáneo, lo simultáneo dejarían atrás el concepto de temporalidad e incluso el de eternidad. Al prescindir también de la cota espacial, la densidad de todo el contenido de información conduce a la conciencia absoluta a una no definición en la que todo
está presente.

Tal visión se acerca a la experiencia mística tal como la intuye el hombre desde la semiconciencia en la que está inmerso y en la que se define su aparente universo .

El origen de las cosas

“Los conceptos y principios fundamentales de la ciencia son invenciones libres del espíritu humano”
Albert Einstein

Pretender encontrar una formación primaria de las cosas, muy atrás en el tiempo, de la manera en que lo hacen aquellos que imaginan el Big bang como la matriz del universo, es como querer encontrar al autor entre los muchos personajes de una obra teatral.

Un universo de ficción es un territorio accidentado donde los espejismos no aportan realidad sino tan sólo sensación de realidad. El espejismo en cuestión es la conclusión precipitada de “las cosas como cosas” tan sólo por el hecho de tratarse de información inmediata, fácil de descifrar desde la perspectiva humana y por estar, el organismo, más sensible a esa información y menos sensibles a otra. En esta dialéctica se concibe el mundo como una ensalada de opuestos: unos autorizan lo más palpable y otros lo más coherente.

“Las ciencias aplicadas no existen, sólo las aplicaciones de la ciencia.
Louis Pasteur”

Por eso corresponde situar este origen de todas las cosas, que no es un inicio sino una premisa irrefutable, fuera del tiempo, en un no-tiempo.

La necesidad del transcurso, la percepción de los cambios, sobreviven en la velocidad que tiene la conciencia de sensibilizarse con la simultánea e infinita información universal .

Así es como se genera la sensación de tiempo y nunca hay más ni menos que sensaciones.

Lo que percibimos es el resultado del proceso, la demora del sujeto en percibir, el tiempo y el espacio no es otra cosa que la forma en que se percibe esta información (Tridimensionalidad)

Que ese núcleo de percepciones es un estado de conciencia, es cierto, pero no estático, se desplaza a otras interpretaciones del Ser en el Ser, este desplazamiento lo captamos como tiempo y he ahí la clave de las diferencias, de lo heterogéneo, de la diversidad. En esa
interpretación parcial de la información total y atemporal cabe la sensación individual.

La flecha del tiempo y su entrópica envestidura afecta y subjetiviza la visión existencial porque es una propiedad de la conciencia el conocer o reconocer en función de espacio y de percibir en función de tiempo. Sin una observación no hay tiempo, por tanto no hay causalidad. Pero evidentemente siempre habrá una observación, de lo contrario no habría universo.

De acuerdo a las nuevas teorías de la mecánica cuántica esa asociación entre la partícula y la onda no está por fuera del efecto observador.

Es la mente, que observa y que percibe mediante la sofisticación “artificial” de sus sensores naturales, la que aporta elementos indispensables para poder digerir con criterio la gran densidad de datos que abunda por doquier.

Este “controlador de software” discrimina qué ver y que no ver, que sentir y qué no sentir; estos patrones no son otra cosa que el alcance que determina los límites del mundo material el que se cuaja como reflejo de la misma conciencia que lo mide y lo interpreta .

El ser consciente y el ser inconsciente

“El ojo que ves no es ojo porque tu lo veas, es ojo porque te ve”
Antonio Machado

La conciencia está a su vez constituida por la interacción de datos donde la información se proyecta a planos de diferente orden. Porque los “chorros” de información son sensibles y sensibilizan a otros “chorros” o focos de información.

“De este modo el mundo aparece como una complicada telaraña de sucesos, donde conexiones de diferentes especies, se alternan se trasladan o se combinan, determinando así la textura de la totalidad”
W. Heisenberg

Esta DANZA DE LA INFORMACION se multiplica y es múltiple porque su plasticidad radica en la dinámica de su auto contemplación.

Esta suerte de cruzamientos de datos e información yuxtapuesta mantiene un flujo de interpretación desde el que se descifra la información como procesos de tipo material, energético, psicológico.

Simplificando todo a uno, conciencia de multiplicidad y multiplicidad misma, vemos que el Ser se auto contempla y dicha auto contemplación está más allá del espacio y del tiempo.

Eso explica como puede haber una variada auto-contemplación más o menos consciente de su identidad . Lo que Schelling llamó “la identidad pura” sería la autoconciencia plena o la Razón.

Pero una razón viva y lozana presente en todas las cosas, una razón que se materializa a sí misma con toda soltura y libertad.

UN GRAN SER CON MUCHOS OJOS SE OBSERVA A SÍ MISMO, se percibe en fracciones o segmentado debido al diminuto espectro que abarca cada ojo, pero finalmente se conjugará esta serie en una visión integral que completa una imagen entera. El propio Ser con sus múltiples párpados abiertos.

Otra analogía interesante: si tuviéramos que ver con los ojos la infinitud de Dios (No se habla aquí en forma alguna de un Dios creador o religioso), avanzaríamos eternamente encontrando por doquier, pedazos de Dios.

Eso nos llevaría por un camino de infinito tiempo. Espacio y tiempo surgen entonces como un recurso para hacer digerible la interminable masa de información.

Pero este camino acumulativo no puede tener fin porque la información no se acumula.

Si una percepción acotada genera “defectos” en la comprensión del universo, no se puede determinar la naturaleza pura del universo sin superar primero el problema de los límites de los velcaps.

Pero la dificultad solo cabe para aquel aparato observador que no puede percibir la totalidad, o que no quiere percibirla. Hablamos entonces de una libertad o voluntad para recibir información, pero la clave no es la capacidad de recepción sino la de no-exclusión de información.

Sin el espacio y el tiempo, condiciones de la percepción parcial, se entiende que no hay más que una gran información atemporal, sin un lugar físico espacial tampoco. Ese denso punto de información que contiene todo lo que existe, lo que puede existir y lo que debe existir es la realidad última, el ser omniconsciente.

No podemos hablar de nueva información sino de cambios en la percepción de esa información. Sabemos, por otra parte, que la conciencia del Ser es una forma compleja de información más o menos sensible a las propiedades del mismo Ser.

La exclusión no es entonces “exclusión de las propiedades del Ser en el Ser”, sólo puede haber un desinterés a la hora de hacerse consciente, el Ser, de sus propiedades.

La exclusión tiene dos puntas, dos posibles formas de concebirla. La primera se interpreta como una incapacidad de la conciencia de ver mas allá del fenómeno.

El observador refleja en lo observado sus propias limitaciones y condicionamientos. No ve la infinitud que bulle en el fenómeno.

La segunda alude a una voluntad intrínseca al ser, la capacidad de excluir información para saltar a otros regímenes: el no / ser, el parece ser. La identificación del todo con la parte sería un acto libre y volitivo del Todo. Dios es libre de sentirse preso.

La auto contemplación del Ser

Ni nuevo ni viejo, más bien un choque frontal de ambos ciclones, se cuaja un presente hondo y explayado por terrenos distintos, no espaciales, terrenos libres de tiempo.

Por allí y desde allí sólo cabe el SER, el verbo “ser” y el sujeto “Ser”. La constante que reivindica a Dios o lo resucita después de Nietzche y que hace, de sus criaturas, un amasijo divino de imperfecciones y las levanta también hasta la divinidad perfecta.

Sin cronologías viene ahora la idea más concreta que la piedra. Ella se resuelve y lo resuelve todo, la mirada del Ser en el Ser. La invulnerabilidad de ese Ser no tiene necesidad de “estudios de campo” ni de bosquejo alguno.

“Dios no teme las consecuencias”
Mahoma

Pero esta comprensión de las cosas no depende de la parte sino de la totalidad. Y cuando hablamos de totalidad no hablamos de materia. En la reunión de todo se diluye el concepto y la cosa.

Si la cosa se ha conceptualizado y el concepto se ha cosificado es porque esencialmente son productos de la misma visión
incompleta, panorama inconcluso del sujeto individualizado.

¿Quién sino Aristóteles encontró mejor los parámetros para afirmar el concepto-cosa?

De su “lógica” se desprenden nociones tales como potencia – acto, causa – efecto, coordenadas que definen el objeto material.

Por ley de conjuntos comprendemos que TODO incluye cualquier conjunto. Reunidos con ese Ser total todas las formas sensibles o existentes, todas las formas posibles o imaginarias, todas las formas necesarias o racionalmente imprescindibles; comprendemos que potencia y acto no son aquí cosas distintas.

En este núcleo de información total todos los “podría ser” “son” . Algo, un posible, existe en “acto” como exclusión del resto de las otras posibilidades. El resultado de un partido de fútbol es la exclusión de todos los otros posibles resultados que permanecían como posibilidades potenciales para la observación temporal.

Toda exclusión implica pobreza (en la percepción, no así en la experiencia), por lo que se entiende que la exclusión limita el conocimiento e interpretación de los datos, no permite ni da lugar a la manifestación de lo que llamamos potencia.

Como el acto es lo que se manifiesta ante los sentidos y la percepción, lo que actualmente parecen las cosas, el dúo guarda directa relación con la capacidad de interpretación de datos de dicho aparato receptor.

Si este aparato receptor, el observador, se sensibilizara hasta el punto de que nada le pasara desapercibido en el espacio y el tiempo, todo se volvería acto o actual, ese universo que antes llamaba potencial sería un hecho.

También el aspecto temporal del par: causa-efecto perdería sentido en la abstracción del tiempo, cuando nos imaginamos la conciencia plena y universal en simultánea comprensión de todo lo que es, como Ser y sin definición alguna. Se deshace aquí la paridad origen – finalidad; la atemporalidad apunta también a la imposibilidad de una evolución, de un proceso y de una idea absoluta de causalidad.

La causalidad no es, sin embargo, solamente una medida de la limitación de la conciencia, ya que podemos pensar que por ser temporal es opuesta a lo que realmente es: Una manifestación no-causal.

Pero ocurre que llegar a la causa es, por ejemplo, deducir
que la cucharita está pegajosa porque estuvo en el dulce. Por lo que el pensamiento remite al estado “a” de la cucharita con respecto al posterior estado”b” de la cucharita. Esto quiere decir que el estado “b”, estado presente de la cosa, contiene información de “a”, el estado pasado de la cosa.

Existe entonces una relación “R” (aRb) He estado intentando seguir el camino inverso de la confusión plural y fragmentadora, el regreso a lo simple, único y perfecto. Esta es la totalidad como unidad platónica y plotínica . Si decimos que a = b además de saber que b = a, sabemos que existe una relación entre “a” y “b”, es ésta una de las propiedades solapadas de y en la igualdad “sujeto x” = “sujeto y”.

En una igualdad o ecuación la relación es tan estrecha que si habláramos de seres en vez de números diríamos que una ecuación es una identificación total de una persona en otra y viceversa. Esta mutua identificación no está nada lejos del amor.

Las cosas son aspectos de una misma cosa o sustancia. Entonces la causalidad es una forma, distorsionada por la dimensión temporal, de captar esta unidad. No se ve la igualdad pero sí la relación, porque se percibe al Ser distorsionado por un juego de auto-olvido.
Aun así, la relación causa-efecto es el rastro de la pertenencia que tienen los fenómenos o cosas entre sí.

Ver en la relación causa efecto una relación interna a los dos fenómenos, relación que no es la de causalidad pondría en duda la idea causal de Dios. Partiendo por una crítica elemental que aparece en esta caricatura:

“Un pez a otro en una pecera: Entonces, si no existe Dios, ¿Quién es el que cambia el agua?”
Anónimo

Hume afirmaba que la expectación de que lo uno siga a lo otro no está en los objetos sino en nuestra conciencia.

La fenomenología, traducida en chapoteo, un cierto patrón de ondas acuáticas, etc., de una piedra que cae al agua está implícita en la piedra desde siempre. Por eso vincular la piedra antes y después de ser lanzada, aunar la cucharita antes y después del dulce, no es una consecuencia del tiempo, al contrario, es un reconocimiento que llega con cierta demora.

El par causa y efecto transporta a la relación, a un vínculo atemporal de todas las cosas. La idea de una descendencia general se desprende de la unidad necesariamente inalterable que subyace al fenómeno material.

No cambia nada en el fondo. Entonces la que cambia es la lente que observa.

Cualquier fenómeno podría ser causa u efecto de otro y no faltaría una forma de medir esta relación ni de establecer una legislación racional causal alrededor de tal accionar y tal consecuencia.

Tal vez las experiencias místicas resultan tan reveladoras por contener información de esta igualdad o unicidad de todo. Hay quienes expanden su “visibilidad” de conciencia asistidos por sustancias naturales psicoactivas, dietas o métodos de meditación.

“Sentí su dolor y su grito, sus gemidos y susurros. Sabía que estaba escuchando su voz (la voz de la Tierra) y conecté con una conciencia muy familiar y muy sabia”
Juan José Piñeiro. El despertar del hongo.

Las cosas más diversas parecen estar intrínsecamente vinculadas casi como por una relación causal, pero es esta una equivalencia instantánea, sin tiempo.

¿Si todo es lo mismo por qué vemos todo diferente?
Podría ser que la percepción humana sea una mini conciencia que acumula información unidad por unidad (parcialmente) de ahí la noción del Velcap.

Esta secuencia, este ritmo, estaría generando la sensación de tiempo. El tiempo existiría dentro y en virtud de una sustancia atemporal. El tiempo sería producto o estaría implicado en la velocidad de interpretar información.

Veamos esta punta de conciencia que avanza iluminando su recorrido como una pasajera, una fugaz viajante, porque tiene, por naturaleza, la propiedad de fluir moviéndose siempre hacia lo nuevo, lo que no alcanza a ver, lo desconocido.

Una dinámica propia empuja a esta percepción presente a pasar de aquí para allá, intentando conocer todo el “cuerpo” del denso núcleo de información.

Sin embargo, todo conocimiento desde la parcialidad del velcap, está implicando el desconocimiento actual de la totalidad por parte de esta conciencia mínima.

Se recrean en ese empírico avance de los sentidos, dato a dato, diferencias que definen las cosas dentro de un marco físico, tridimensional.

Si atomizamos en fracciones de segundo lo que es esta acumulación dato a dato veremos que nunca vemos dos cosas al mismo tiempo sino que la recepción es cronológicamente ordenada y cuantificada.

Esto quiere decir que si la conciencia es la que se mueve, la que transita, la heterogeneidad de las cosas puede deberse a ese cambio de punto de vista, esa dinámica de la forma de ver, el producto de cada velcap.

Dicha transformación es continua y no mueve al Ser sino la forma como se ve el Ser.

¿Qué relación habría entonces entre el velcap y la existencia humana?

Así como cada una de las cuatro fuerzas fundamentales tiene su partícula portadora de fuerza, el velcap sería el “fotón” de la fuerza de percepción o conciencia del Ser en el Ser .

Los paquetes de experiencia, pulso a pulso, la sucesión de velcaps (el velcap es una unidad que contiene dos dimensiones de la conciencia: velocidad y capacidad) conforma la existencia individual.

La suma de los infinitos mundos falseados por la parcialidad del aparato observador conduce al fin a una idea cada vez más cierta.

“La ciencia se compone de errores, que a su vez son los pasos hacia la verdad”
Julio Verne.

Justificación y apología del desatino

“El mundo es un presidio esférico”
Jardiel Poncela

La mera alusión de un destino ineludible, de una ausencia de libertad en la conducta, de una carácter adquirido, suscita alboroto. Pero no se trata de una alarma netamente racional ya que el reclamo seguramente se propulsa en el trampolín del miedo . El instinto de supervivencia prefiere aturdir al pensador a tener que admitir que no es dueño de sí mismo.

Porque el sujeto vive en la medida que sobrevive y esto lo hace por pensarse actor de su vida y también autor. Nada ha herido más el orgullo humano que la teoría que lo asemeja al animal y la sicología que lo condiciona a un mundo subterráneo .

Digan lo que digan, tanto el fatalista que se abandona al azar, como el positivista que cree hacer camino al andar ¿Estarán sintiendo por sí mismos?

No tiene muchas chances, de ser dueño de sí, un ser que no sabe lo que es. Pero si el Ser que sabe lo que es, es el mismo que el Ser que ignora lo que es, entonces todo se reduciría a un juego dentro del propio Ser.

No hay una urgencia por la conciencia plena en el Ser, salvo en aquellos casos que aparece una irregularidad dentro del área de inconciencia.

Y no hay una urgencia principalmente porque el Ser siempre está, en su atemporalidad, en estado de conciencia plena.
Las irregularidades son otro aspecto del gran equilibrio interno del todo.

Para la mente humana muchas veces caótico, el universo se expande, y más allá de la mente, se extienden otros universos .

El desatino, auto olvido o locura de Dios no me parece algo que nos competa juzgar a nosotros los personajes de la obra, tan sólo lo hacemos cuando ese mismo Ser, verdadero autor, juega a auto criticarse desde infinitos puntos de vista diferentes, desde sus propios personajes e interpretaciones.

Publicación del premio ganador

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