Capítulo III La teoría del recorrido inverso

III
La Teoría del Recorrido Inverso

La naturaleza se abre y se cierra como un compulsivo paraguas indeciso; late como un corazón gigante con ritmos de vida lentos o tan frenéticos como las pulsaciones de una ardilla taquicárdica.

Lo veo en el firmamento, en la expansión universal, cuando salgo al patio y caigo en el rotundo por qué.

Un cielo estrellado arriba y, abajo, un sedimento sucio, inmoral, un ingrato cosquilleo en la planta derecha, la sensación de estar pisando algo blando y la terrible sospecha finalmente constatada por el olfato herido, humillado, infeliz.

Una mínima parte de la pródiga deyección de nuestra mascota, Buli, ha tomado su camino inverso, la sístole biológica reclama el ingreso de pequeñas partículas de mierda animal en el organismo de otro animal, en este caso yo, el desafortunado dueño y protagonista del suceso.

Esa porción vaporizada de materia que se ha elaborado en un organismo vivo entra ahora a caudales por mi nariz y boca provocando una considerable crisis en mi estado de ánimo.

Es el principio que algunos llamaron El eterno retorno.
Supongo que los poetas lo explicarán usando el lenguaje onírico de las alas de Apolo que sufrió lo indecible por el amor de Venus pero, cuando por fin pudo disfrutarla, empezó a desamarla. Lo que arde vuelve a enfriarse.

Estas mismas sendas andadas y desandadas aparecen en otras zonas de las bellas artes, la extraordinaria obra de Matilde Sabina, El regreso del tambor, hace un profundo análisis de la música contemporánea y su hipnótico culto a la vieja percusión. Volvemos a retornar.

Que la naturaleza va y viene es indiscutible, las contradicciones entre la lozanía y la madurez, el fruto que cae del árbol y su semilla que trae el renuevo. Este fenómeno se manifiesta con toda claridad en la supervivencia del lagarto: este reptil engorda su cola en el verano y parte del otoño y la devora finalmente durante la hibernación.

La Teoría del Recorrido Inverso significa para los astrofísicos, pasajeros del Hubble o ahijados de él, la seguridad de un futuro Big Crunch (Gran crujido) contracción de todo el conjunto de sucesos que llamamos universo y consecuencia última de la primera explosión.

¿Terminaría aquí también la ley de Recorrido Inverso?

Algunos de nuestros nuevos metafísicos aseguran que la cadena va mucho más allá de la astrofísica y hasta asumen que existe un camino inverso a la lógica misma de la teoría.

-¿Cómo sería eso? –Me escribió Carrell (Autor de La rebelión de las musas) cuando nos contactamos vía e-mail al finalizar su exilio en el Líbano.

-La lógica de la teoría del R.I predice que, conociendo la velocidad de desarrollo del proceso, puede deducirse su duración y así mismo puede implementarse un tratamiento veloz de “ablande” o transición antes de la ruptura entre el ascenso y el descenso –esta era la clave de mi éxito, la fácil implementación del tratamiento en psicosis, traumas y obsesiones; la comunidad científica estaba acostumbrada a reconocer lo inmediatamente verificable, usable y negociable

Pero la inconsistencia que mencionaban los metafísicos surgió de la misma clase de Lerena: ¿Cuál sería el resultado de aplicar la ley a la ley misma? ¿Sería, el rebote regresivo, una evolución, un escape, un seguir avanzando y nunca un rebobinado?

En todo sistema existe un punto máximo de crecimiento, el llamado instante cero en que la piedra no asciende ni desciende, después comienza la caída. Basándome en un esquema primitivo de la aceleración de los cuerpos de Isaac Newton, ideé las ecuaciones para determinar este punto en procesos muy diversos que van desde el período de incubación y desalojo de una fantasía mental hasta los promedios de renuncias laborales por nostalgia a la cesantía.

La eminencia en sexología, Dra. Abdilah Gaaraf, también hizo uso de mi gráfica en sus investigaciones sobre la libido, la actividad hormonal durante la práctica de equitación y el fenómeno psicoanalítico de la masculinización de Sifilósofo. De cualquier forma fue uno de mis propios discípulos quién dio una respuesta inmejorable a los metafísicos del grupo del licenciado.

Desde entonces Lerena y yo, hemos hecho un equipo. Contamos con la ayuda esporádica de algunos reyes de la baraja así como con la extraña influencia de la intuición visionaria. Nuestro grupo común está formado por un gran número de hermanas intelectuales, científicos y pedagogos con inquietudes místicas y estudiantes superdotados. Somos más de cincuenta revoltosos del hoy y conquistadores del mañana.

Hace poco tiempo recibí un correo de un rebelde del exterior titulado “La vida al revés” en que básicamente el autor prefiere comenzar la vida por la vejez, ir poco a poco desligándose de las responsabilidades del adulto, llegar a los juegos de la niñez y acabar en el orgasmo original de sus progenitores. A continuación publico mi respuesta que bien sirve para redondear este capítulo:
Me interesó mucho su teoría regresiva del tiempo “La vida al revés”. Es, en realidad, una de las posibles consecuencias del proceso de implosión que supone que el tiempo empezaría la cuenta regresiva. Sin embargo ciertas cuestiones me inquietan al pensar en esa posibilidad.
Por ejemplo veamos un acontecimiento corriente como el de a continuación:

Juan, un mecánico de nuestra ciudad, va al mercado compra porotos y una Coca Cola en el kiosco. Los cocina, los deja enfriar un poco y se come dos platos. Bebe tres vasos de gaseosa. Sale al patio y desaloja cinco gases sonoros. Suena el teléfono y corre a atender la llamada, tropieza con la mesa y la botella cae y se hace añicos en el suelo. Cuando levanta el tubo descubre que era equivocado y rezonga: “marcá bien el número, retardado” La tensión le provoca ganas de ir al baño y se sienta en el inodoro. Luego de evacuar se limpia concienzudamente el recto y se va derecho a la cama a dormir la siesta.

Al invertir este simple y cotidiano hecho, profundizamos y descubrimos que las cosas no resultan tan gratas como a primera vista. Veamos:
Juan sale de la cama, caminando marcha atrás se sienta en el inodoro después de limpiarse el ano, mientras tanto, en el colector municipal comienzan a separarse los flotantes cúmulos fecales, llamados “deshechos de Juan”, del resto de material de la ciudad. Los recién nombrados aparecen repentinamente en el water de Juan mientras la cisterna recupera el agua de las cañerías. Estas formaciones se introducen en el organismo de Juan por el orificio donde una vez salieron y comienzan a transformarse en el puré con milanesas que regurgitará (vomitará) mañana a pequeñas porciones sobre el tenedor.

Cuando finalmente suba sus pantalones, el personaje, siempre marchando hacia atrás, irá hasta el teléfono murmurará algo parecido a: “odadrater, oremún le neib ácram” muy molesto, recién después escuchará un graznido en el tubo para luego dejarlo precipitadamente y salir corriendo para posibilitar que los vidrios de la botella se junten luego de un sonido de cristales y salten, ya compuestos, arriba de la mesa.

Juan sale al patio e incorpora en su organismo cinco gases del espacio circundante que se apresuran a entrar haciendo, a espaldas suyas, sonidos extraños. Un momento después estará devolviendo de a cucharadas los porotos y de a sorbos la gaseosa en sus eventuales recipientes. La comida se calentará en el plato hasta que Juan la vuelve a la olla donde comienzan a encrudecerse paulatinamente los alimentos que van disminuyendo de temperatura.

La Coca Cola ya se selló con todo su gas dentro y está en le heladera y Juan sale con ella y los porotos caminando de espaldas. El feriante parece comprar los porotos producidos por el vomitador, porque pesa la mercadería y la devuelve al cajón luego de darle cierta cantidad de dinero a Juan que a su vez lo reunirá con el resto del dinero de la Coca Cola entregada en el kiosco.

Se entiende que este dinero terminara en un sobre que dirá “sueldo de Juan” pero que fue escrito desde de derecha a izquierda y será llevado al banco por nuestro protagonista al cabo de tres días, con más dinero, para cambiarlo por un cheque que Juan le dará a su jefe por permitirle desarreglar motores en su taller. Los mismos vehículos, en el día menos pensados y ya rotos, se los lleva un guinche o se van empujando a un señor, de la forma más insólita. La única manera en que Juan pueda manejar su taiF avanzando de frente es cuando pone reversa aunque, en ruta, desanda terreno hasta a 120 Km/h. manejando de espaldas, de noche y con luces muy cortas atrás (Las de posición); igual no teme, porque sabe a ciencia cierta que nada fatal le va a acontecer.

¿Juan es feliz?

Su relación sexual comienza con la más patológica de las eyaculaciones precoces y termina, sin orgasmo alguno, en la flacidez total. Sabe que tendrá que destrabajar mucho para poder devolver el Fiat a la automotora al día siguiente de su compra para que ésta lo deposite en la planta de desfabricación.

Sabe también que en cualquier momento dejará de conocer a su novia mientras que segundo a segundo se irá olvidando de lo recién aprendido. El conocimiento exacto de lo que va a pasar le costaría a Juan el olvido absoluto de lo que ya pasó.

Eso y otras cosas dan mucho que pensar a la hora de hablar de la vida al revés.

Saludos
PD: Ni se le ocurra pensar que no creo en El recorrido Inverso (como autor de la misma teoría creo en ella), sólo que me resulta difícil imaginarla.

Una respuesta a Capítulo III La teoría del recorrido inverso

  1. Pingback: La verdadera amistad « Integracionismo Daniel Stack

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s