La fundación de Virgilio

Los orígenes del Lago Virgilio

Los orígenes del Lago Virgilio

La fundación de Virgilio

Un acto de valentía

Fuimos los únicos valientes que nos atrevimos a seguirla.

Los demás podían estar enamorados de ella y todo pero no iban a arriesgar sus vidas.

Nosotros sí, éramos capaces de cualquier cosa; estábamos tan locos que apenas prestábamos atención al peligro y ella lo sabía.

Por eso, cuando se sacó la ropa lo hizo para nosotros, no nos podía ver, pero nos presentía en alguna parte y gozaba así, mostrándose, torturándonos.

Exhibicionismo femenino, hubiera precisado el Dr. Hister Eyacoz, de haberla podido tener en el diván de su consultorio en Viena; pero no importa, de cualquier forma valía la pena ver la función y nosotros sacamos asiento en primera fila, junto a los peñascos…

La joven se puso a danzar, era una invitación rotunda a los incubos del lugar.

Mi hermano se sabía irremediablemente perdido, ninguna otra cosa le importaba en ese momento, aunque en el fondo también tenía un poquito de miedo. Poco antes de llegar al lago me decía:

-¿Y si tiene poderes no más?

-¿Quién, el viejo o ella? –Quise saber

-El indio ¿Si es brujo, mismo, y se entera de lo que estamos haciendo?

-Es un riesgo que debemos correr –le dije -¡Vamos, no la pierdas de vista!

La contemplación

La acechamos con cautela para no ser descubiertos y vimos que su deambular la llevó junto al plácido lago Virgilio; fue una visión deliciosa que nos llenó de sentimientos.

Parecía libre y dichosa, aunque algo triste por la ausencia de Matías, el hombre que le enseñara los secretos del valle y del mundo, la receta del amor y los exóticos caminos de la hechicería indígena.

¿Qué hacía la salvaje Gaia? ¿Danzaba desnuda junto al lago o se entregaba al hipnótico arrebato de la autosatisfacción? Caía el sol y su cuerpo desnudo se mojó de crepúsculo y de nuestros deseos. Era como un durazno lleno de jugo, una ninfa adolescente que se sentía hambrienta de sensaciones.

-Es un ritual mágico –susurré entre dientes.

-¿Una ceremonia de iniciación en solitario? –se sorprendió Nesbí.

La religiosa salió del agua brillando entre las sombras, sus formas viajaban en cálidas oleadas hasta nuestros ojos anhelantes. No podía saber que la observábamos porque ambos estábamos ocultos tras las rocas.

Se tendió en el suelo y sus manos viajaron, su vaivén se volvió frenético y el remanso imperturbable, callaba.. El sol se perdió repentinamente en el horizonte y el paisaje quedó en suspenso.

-No creo que exista la soledad absoluta –exclamé –ella sabe que nada queda fuera de escena. Nosotros estamos en la obra.

-¿Cuál sería nuestro papel?

-Eso lo veremos luego –exclamé antes de saltar fuera del escondite y volví a repetirlo entre la arena y sus rítmicos jadeos. La tarde se tendía sobre crudos bermellones.

El pecado original

El instante declinaba entre dos luces, algunas estrellas asomaban más allá de la bóveda celeste.

Las tinieblas se cernían sobre nuestras cabezas y aun sabiéndonos al borde de la iniquidad más aborrecible olvidamos el temor a Dios y las sabias palabras del profeta.

Vimos que del lago salía la bestia y que llamas refulgentes brotaban de su cuerpo que semejaba al de un ángel.

Pero era uno de los espíritus rebeldes que había tomado forma de mujer y quería que renegáramos contra nuestra fe.

Era la tentación que venía a ponernos trampas y nos echaba un señuelo cual si fuéramos tan sólo hijos de hombre; tal como las fieras del campo que se aparean por naturaleza y sin discernimiento, así habíamos sido juzgados por el Tentador que ahora nos ponía a prueba.

Y sin duda, bien conocía nuestras debilidades pues parecía que el espíritu flaqueaba aquí, el aura celestial se contaminaba en el barro de la maldad terrena. Así fue pues como nosotros, Nesbí y Simón, hijos del pueblo de Narés, pecamos junto al Lago Virgilio, durante la deportación de nuestro pueblo, en tierra de la Roma Imperial.

La fusión de los fenómenos

Apenas sucedió comprendí que era la forma como la naturaleza se había expresado siempre. No había concepto alguno que pudiera describir este fenómeno y todo intento de hacerlo sonaba a falso.

Era una ofrenda del atemporal universo, una verdadera armonía de las esferas. Las energías intuían su naturaleza supraconciente en la simplicidad, su dinámica espiritual, su omnipresencia, todas las posibilidades eran verdad.

-¿Te gusta así no es cierto? –deduce ella entre el gozo y el olvido de la identidad. Claro que me gustaba, era lo más intenso que la carne me había regalado en la vida.

-Sí ¿Cuál es ésta, la saturniana?

-No, la posición del mono –anuncia ella musicalmente mientras el ying de mis placeres es absorbido por su yang carnoso y ávido de precipitaciones.

-Su alma es blanda pero su sexo es decididamente yang –reflexiona mi hermano, en voz alta, mientras hace signos en la arena a la orilla del Lago Virgilio.

Las pequeñas olas se encrespaban en la superficie del lago siguiendo un patrón único de empatía: la comunicación.
Una experiencia diferente

Cuando exhalé otro de los gigantescos alivios que provocaban el placer sexual me retiré a dibujar mandalas en la arena y mientras lo hacía vi que ella adoptaba una nueva postura.

Rotaba ligeramente con las caderas, desde la posición de loto, sobre la forma ahora estática de Nesbí, mi hermano, que había alcanzado un desdoblamiento astral. Me di cuenta porque su cuerpo etéreo aleteaba sobre las aguas y he aquí que la palabra invadió mi boca y lo increpé diciendo:

-Un día de estos te nos vas para el otro lado. Los viajes fuera del cuerpo todavía son difíciles de dominar. Si el cordón de plata se llegase a cortar, por cualquier estupidez emocional o cardiaca, te mueres ahí no más, la quedas, irreversiblemente.

Sobre el lago, mi hermano seguía tratando de mantenerse en el aire porque un fuerte viento comenzaba a soplar. Ella se transformaba ahora en una blanca pantera siberiana. A través del casi transparente campo magnético que era Nesbí, a una altura de dos metros y medio más o menos sobre la superficie, leí el anuncio de la pronta llegada del indio brujo.

Claras señales de humo superaban el horizonte del otro lado del Virgilio manso y desde ahora, nuestro bendito cómplice ¿Qué decía el humeante telegrama del chamán? No soy muy ducho con los dialectos hoppis y además los signos se deshacían demasiado rápido entre la ventolera pero alcancé a descifrar algo que me pareció una amenaza: “Pudeta hijos. Mal pari voy dos a tarlos ma. Tarpo tara allá. Mapías ”

Milagros y suposiciones

Después de la extática experiencia un apetito feroz, que reclamaba la reposición de infinitas cantidades de calorías robadas por la entropía universal, fue apoderándose de nosotros.

Me disponía a trascender los deseos orgánicos superándolos mediante la desintegración del yo, cuando ella, sin previo aviso, extendió su mano hacia el abismo y desde la profunda masa acuática un enorme pez se arrastró hasta nosotros, traía un pedazo de luna nueva entre las escamas, una lasca plateada apenas reflejada.

Poco después saciábamos el hambre del cuerpo. El calor del fuego nos amparó en su amor y la noche sintió los ecos del misterio. Saqué de mi morral la pipa, puse el pequeño depósito en mi mano izquierda y lo llené de hierbas.

Usé una brasa para encender el alma resinosa de la flora; aspiramos el humo hasta sentir el último latido del cosmos en nuestras sienes y más lejos todavía. No tenía miedo aunque el temporal era ya alarmante. Armamos la tienda al resguardo, entre las rocas y volvimos a encender el fuego.

Seguimos la alegórica escala del optimista cantando himnos de Epicuro en Sol Mayor, algo todavía más magnífico que el Ra egipcio. Las palabras del indio –pensé –ya se las llevó el viento.

-Tal vez sea una ninfomaníaca y lo nuestro sea pura manija –se atrevió a plantear Nesbí, cuando la vio dormida bajo los efectos del opio.

-¿Y el viejo un mestizo degenerado que se hace pasar por chamán? Pero ella… ¿También hace trampa? ¿Cómo pudo hacer salir ese pez hasta nosotros?

-No lo sé, tal vez utilice la energía del potencial sexual reprimido; los complejos mentales, en ocasiones, desembocan en fenómenos extrasensoriales –argumentó mi hermano repentinamente dominado por el escepticismo

-Pero el viejo lo supo todo a distancia, viste las señales de humo, además provocó el ventarrón que casi separó tu dualidad psíquica-material ¿Cómo hiciste para no caer?

Los fenómenos naturales cooperan con los poderes psíquicos

Los fenómenos naturales cooperan con los poderes psíquicos

-Me aferré a sus senos –dijo haciendo una mueca acompañada de mímica.

-No me refiero al galope del dragón, al desfloramiento del jazmín ni a ninguno de los capítulos del Suma Ka Tra Te hablo de tu excursión fuera del cuerpo ¿Cómo soportaste el huracán?

-Ya te dije –insistió Nesbí -Me tomé de sus senos con verdadero frenesí, eso fue lo que me salvó de caer.

El rigor de la ley

Estos episodios que narro aquí acontecieron en el año treinta y dos, en las cercanías del Lago Virgilio, bajo el reinado de Halmirabbi. Cuando a la edad de setecientos cuarenta años, yo Simón, hijo de Levín, hijo de Natanel, hijo de Anaser me dejé llevar por ciertos impulsos posteriormente descritos por los psicoanalistas del siglo XX.

También mi hermano Nesbí, compareció en tribunales ante la acusación oportunamente revisada por Su Majestad Caifás en la cuál se le imputa de atentado violento al pudor entre otros delitos aun peores. Sin embargo, mi hermano se declara inocente de todos los cargos y se defiende mediante una versión quizá no muy creible pero sí muy fluida y bien elaborada.

Sigo sin entender porqué se tomaron las cosas tan a la tremenda aun siendo, la propia denuncia, tan poco convincente; más todavía si se tiene en cuenta que los bárbaros asediaban el imperio con verdaderas violaciones a las hijas de los césares y nadie les decía nada.

Mi única declaración firmada es la coincidencia absoluta con lo testificado por mi hermano Nesbí a los dieciséis días del mes de Marzo del año corriente.

Declaración de Nesbí

Yo Nesbí, a los dieciséis días del mes de la nueva administración gubernamental, asumo toda responsabilidad de lo aquí expresado y juramentado en el nombre del Altísimo y de su corte infinita de ángeles reproductores, híbridos o eunucos, sin importar el rango social de estos últimos ni sus tendencias políticas o religiosas.

Esta mujer, que ha sido identificada como Gaia, haciéndose llamar la sacerdotisa del Lago Virgilio, ha usado sus malévolos poderes y ungüentos para seducirnos a nosotros, pobres cristianos, y tomar nuestro cuerpo y nuestra alma para su Dios, un ser demoníaco al que veneran ella y su amante, un salvaje instruido en las ciencias ocultas.

Engañados por esta falsa profeta descubrimos que no podía serlo pues se jactaba de su vitalidad y nos ha hecho copular con ella durante toda la noche primera, la siguiente y tres más, dejándonos desfallecientes en la arena y marchándose con nuestras riquezas.

De eso estamos seguros pues ni mi hermano ni yo hemos vuelto a ver nuestras alforjas llenas de oro como estaban en aquel entonces.

Un testigo mal parido

Soy un pobre buscador de oro de la región. No sé leer ni escribir pero no soy ciego. Estos dos caballeros se hallaban ocultos tras los peñascos cuando la señorita Gaia fue a bañarse a nuestro veneradísimo lago Virgilio.

El más resuelto de ellos fue el que salió primero de su escondite y sometió a la muchacha con violencia, luego se atrevió el otro y finalmente la redujeron entre los dos.

Esta situación se prolongó por más de cinco días, siempre contra su voluntad la muchacha fue reiteradamente ultrajada por estos bandidos. No se puede tener piedad con ellos, señor, yo mismo los mataría, Usía.

-¡Sáquese el casco aquí dentro! –Le ordenó el letrado. El minero ignoró la orden.

-Llevo cinco días siendo testigo presencial de esta crueldad, no se puede seguir callando.

-¿Por qué no denunció antes lo ocurrido? –Lo interrumpió el juez.

-Ya le dije, estaba buscando oro, me entiende, oro, no problemas.

-¿Por qué no intervino en defensa de la chica? –Lo atacó nuestro abogado defensor.

-Sí, ¿Por qué? -Clamó la multitud que hizo un tercer eco ahora en la grave voz del magistrado.

-¿Por qué no lo notificó de inmediato? ¿Puede explicar a qué se debió su silencio?

Toda la sesión permaneció expectante, la espera se prolongó por más de cuarenta días y el hijo de su madre aprovechó el sosiego y le dio salida trasera a un estruendoso gas que terminó por disolver la asamblea.

En el lugar del crimen

La policía caminera quería echarle la culpa a alguien por los carteles de tránsito caídos y arrancados por el ciclón que yacían tendidos a lo largo de la ruta paneuropea.

De inmediato se tomaron acciones contra el minero por el uso incorrecto del casco e irregularidades con el escape. Ninguno de ellos había si quiera sospechado en la participación del chamán Matías en el desastre, ni de su excelente caligrafía de fogata, ni de sus celos enfermizos emergentes a propósito de las magníficas noches de ebriedad y placer que pasamos con su protegida Gaia.

El ayer remoto e ignorado Lago Virgilio es ahora centro de comunes atenciones, una zona densamente poblada por sectas y comunidades religiosas que ha sido bautizada de innumerables formas. Proliferan allí las nuevas teologías, también están los santones, los distintos templos, los ex moradores de Ganímedes y los sobrevivientes de la Atlántida.

La policía caminera ha declarado al lugar como zona de desastre; Nesbí, que no ha perdonado a Gaia, lo denomina la Casa de Judas; el juez insiste en llamarlo El lugar de los hechos; yo prefiero referirme a todo el contexto como El paraíso perdido y hay gente por ahí que asegura que ella elige no hablar de ese maldito rincón del mundo.

No han trascurrido todavía dos meses de los hechos relatados y ya Virgilio se ha transformado en un gran centro comercial y turístico. Bellas mujeres autóctonas del lugar se entregan a impresionantes orgías con los invitados, ricos clientes venidos del resto del continente.

Adán parece estar probando todos los frutos del Antiguo jardín aquí, en Virgilio, el libre uso de los alucinógenos y de las fantasías del espíritu son prioridad en la nueva comunidad romana que ha sido catalogada, por algunos judíos ortodoxos y otros fanáticos como La nueva Sodoma. Sin embargo, Virgilio sigue creciendo a una velocidad vertiginosa.

El propio fiscal que entiende en la causa es uno de los propietarios de Anarqui Virgilino, un oasis en la búsqueda de nuevas sensaciones. El viejo Matías dirige el templo Sacro Orgasmo donde se investiga la libido psíquica y hasta se ha obtenido la polución masculina sin necesidad de erección.

Su protegida, Gaia, a la que sigo admirando con pasión, pagó furtivamente nuestra fianza hace cinco minutos. Supongo que habrá usado el oro que nos robó.

¿O fue al testigo inmiscuido a quien le usurpó el morral?

Seguro, porque nosotros, no somos recolectores de metales, somos tan sólo pescadores de emociones fuertes y el lago ya dejó de ser un paraje para locos de verdad.

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