Libres de la religión (Parte I)


¿Libertad de culto?

No es un tema fácil. Revisar esta cuestión bastante “intocable” del respeto a “la religión de cada uno” es, seguramente, una de las tareas más comprometedoras y engorrosas que puede existir.

Hay que hacerse un perito en varios saberes. Ahondar en aquellos misterios donde la ciencia aun no se ha atrevido. Las reacciones negativas no se hacen esperar.

Eso porque se debe llegar muy al fondo de ciencias tan escabrosas como dispares: el derecho y la metafísica, la psicología social y la genética, la historia y la astrofísica, etc. enfrentando, al mismo tiempo, numerosos adversarios, la mayor parte de ellos fanatizados e inflamados por “su fe” y, en el caso de las grandes religiones, multiplicados por el número de su seguidores y por una fuerza económica imponente.

Hoy muchos modelos religiosos están en franca competencia. En contraste con otras épocas, nuestra acelerada posmodernidad, muestra una gama inmensa y creciente de opciones para el espíritu. Estas nuevas religiones, sectas, hermandades evidentemente restan fuerza a las religiones asentadas aunque, la bondadosa realidad demográfica, entre otros factores, permiten la persistencia de numerosas “almas piadosas” en las mezquitas y catedrales.

La necesidad de “causa” de los pueblos sigue siendo una formidable máquina capaz de saciar las arcas de muchos de estos templos encallados en las costas de nuestra cultura religiosa.

La asociación entre líderes religiosos y poderes políticos no es algo nuevo.

Es una característica de la edad de los imperios, que de hecho desde sus inicios, ha sido una línea ininterrumpida hasta hoy. Por eso es fácil comprender que la cuestión religiosa ha sido un elemento clave en el quehacer político y en el ordenamiento social propiamente dicho.

Pero, restando razón a Carl Marx y su materialismo dialéctico, la experiencia mística o la demanda intelectual de lo absoluto, no se origina únicamente en la estrategia de manipulación de masas. No necesariamente. Sí que ha sido y es una pasión “manoseada” y explotada por los poderes reinantes donde, el hambre de saber y saberse, han sido rehenes de la avaricia y astucia de unos pocos. Esto no quiere decir que el deseo de dar una coherencia racional, una relación causal y trascendente a nuestras vidas, sea una patraña.

No corresponde entonces desestimar la fuerza de este impulso interno, por el contrario, es tan importante y relevante para el ser humano satisfacer esta inquietud que exhibe carácter de necesidad imperativa y general: La demanda colectiva de saber y entender, de coordinar lo que sentimos con lo que somos y del explicar “para qué existimos”.

No es nada sorprendente entonces que, como aves rapaces, un multitud de mezquinos intereses se alimenten y sobrevuelen acechando en torno a este multitudinario “centro de atracción”, parásitos de un “instinto” paradójicamente básico y evolucionado al mismo tiempo, porque supone que se trata de un “archivo de arranque” innato en el cógito, (“pienso y luego existo”) donde causalidad y finalidad de ser aparecen como interrogantes en las primeras letras del pensamiento.

Pero la inquietud, la necesidad de un rumbo, una brújula, un parámetro, e incluso de una seguridad extra-terrenal, no implica el camino religioso como la solución genuina al problema. Precisamente sobre este asunto versarán los próximos artículos relacionados a  la trampa anidada en la supuesta “libertad de culto”.

En este punto cabe preguntarse:

¿Es esta libertad religiosa una verdadera conquista de la democracia?

¿Se puede ser libre en una sociedad plagada de soluciones “únicas” a las preguntas esenciales del ser?

¿Es sana la “convivencia” entre partidarios de diferente ideología, comunidades sectarias que no responden a la evidencia, se puede pretender evolucionar en una humanidad convulsionada y dividida?

Los primeros pasos de este análisis deben concentrarse en la columna vertebral del pensamiento religioso. La estructura lógica de toda religión es un centro común y hace  agua por todos lados. Por eso aquí planteamos una sospecha muy justificada:

Parece que la libertad de cultos no apunta a la evolución de nuestra civilización sino que es hoy un recurso de división y manipulación de masas.

El tono de este artículo ensayístico y en prospectiva propone una limpieza necesaria de hipótesis científicas obsoletas y de las religiones que no más que una prueba del deterioro intelectual, cultural y social de nuestros tiempos. Sin embargo, dar de baja un modelo religioso requiere un arduo trabajo de análisis, cuestión que la mayoría de los feligreses rechazan de plano desde su perspectiva de la “fe irracional” avalada por Inmanuel Kant, hace dos siglos atrás.

Las críticas de Kant a la razón pura y a la razón práctica solo desactivan la lógica clásica, pero jamás la lógica de las lógicas. No se puede decir que “el camino hacia Dios” no roce el camino de la razón porque de hecho, para llegar a la idea de Dios se debió primero pensar siguiendo una lógica causal:

Tiene que haber alguien con mucho poder que explica todo lo que hay y todo lo que hacemos y por qué lo hacemos.

Así es cómo los artífices de la confusión, conscientes o inconscientes, ignoran o intentan ignorar que el espíritu religioso tiene origen en el pensamiento reflexivo, en el uso del lenguaje y en la lógica, esencia de todo proceso pensado.

Todo aquel que se atreva a leer estos artículos, a seguir este camino de transparente búsqueda, más allá de su posición actual, sea agnóstico, creyente, indeciso, ateo, budista, escéptico…que lo haga sabiendo que ha apostado a poder entender la respuesta, que ha entendido que Dios, o lo que sea, es inteligible y evidente.

Si no piensa Ud. así es porque engrosa las filas del escepticismo, debería entonces renunciar a toda pregunta y a toda consecuencia… y por lo tanto también a continuar la lectura de esta reflexión…

Otra opción es buscar las Respuesta a un escéptico

Continuar leyendo Libres de la religión parte II

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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