De la naturaleza del “yo”


Es natural querer sentirse cómodo y seguro, saberse dulcemente en su hogar, en el lugar de donde uno es, con la gente que siempre fue “mi gente”. Podemos salirnos de ahí, podemos volar vertiginosos vuelos, pasar mil aflicciones…podemos… Pero sabremos que estamos en otra parte, que es una aventura y que volveremos al nido donde se aquieta el alma, donde sanan las yagas, donde se apaga el hambre, ese sitio…sabremos, no es acá ni allá, ni más allá.

En el exilio, añoramos la casa, aun cuando nos han robado la memoria. Cuando ni siquiera sabemos cómo era, dónde estaba, quiénes éramos. Ni siquiera sabemos respecto a ese misterio que rodea al “yo”. Tenemos, sin embargo, una sensación segura de una especie de origen de dónde somos autóctonos. Se nos espera siempre allí, con los brazos abiertos y con la mesa servida.

A veces, cuando esto me ocurre, escéptico, atribuyo esa añoranza al falso concepto de “mi casa”, la que fuera “nuestra” casa de pequeños, embebida de todo ese ambiente familiar. Pero… ¿Era ese irrecuperable pasado, idealizado en virtud de la inconsciencia de antes, lo que se añoraba? Porque, sin duda, el pasado aquel, está construido por la temprana visión de “nuestro mundo” formado en la niñez…No creo, con eso no me basta …hay algo más profundo, tiene que haber un respaldo de esa sensación, una noción más firme que luego, ya es anhelo, que otrora es compasión al sentir en los demás también ese errante deambular por la vida.

¿De dónde provengo?

El esfuerzo de saberlo es como querer recordarlo y en ocasiones he encontrado, en sitios remotos, pistas de que sigo en “mi casa”. En ojos diferentes, en acentos extraños, en letras de otros tiempos he encontrado vestigios de “lo verdaderamente nuestro”. Así he comprendido que nada pasa y que hay una quietud en el corazón de todo movimiento.

Desde hace algún tiempo he descubierto que el lugar está en la mente gigantesca de mi no-yo, es, al fin, la mente gigantesca de mi no-yo, no es un lugar, el acontecer, es un estado de consciencia.

Si encuentras ese estado de conciencia que parece un lugar donde siempre has estado, si lo has hallado tras sentir la fusión de una mirada infinita que te recuerda lo que querías saber, que te sitúa donde debías estar…no es que hayas tocado el cielo, simplemente te has hecho consciente de tu no-yo y del dios que está escondido detrás de tu fachada… no menciones la palabra milagro, solo piensa que todo es posible.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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