¿Quién soy?


D.Stack

A golpes de existencia

De a poco he ido convenciéndome que “yo” no soy nunca el yo que creía ser. No puedo llegar tan lejos en los orígenes de mi pensamiento ni tan por delante en lo que será lo que llamamos el futuro. Respecto a el comienzo de todo esto, apenas sé un poco, porque mi memoria llega “hasta aquí cerquita”, hasta esa infancia semiencantada y plagada de mitos, allá en el sur de Chile.

Era para mi una casa grande, de madera y paisaje agreste, extenso, accidentado. La flora era exuberante, boldos, aromos, de pobladas florcitas amarillas, zarzamora y copihue, de sangrante flor. Era una fiesta ir al río, el río Renaico, con orillas de piedras redondeadas, en verano, dividido en dos partes: una mansa y profunda y otra más superficial y con corriente donde se pescaban salmones.

Con curiosidad de niño veía las rucas araucanas resistiéndose a la modernización. La televisión aun no llegaba, ni la luz. La señora Mina y Alfredo vivían en la parte baja, zona mapuche donde se araba a caballo y se trillaba pisoteando con animales la cosecha.

Llovía durante semanas, inviernos largos que nos hacían añorar el buen tiempo, los asados en la orilla, bajo los aromos. Allí existíamos, entre la credulidad, la ignorancia, la fantasía del ambiente, a su vez hermético, peligrosamente religioso, mis hermanos y yo temimos al diablo, rezamos por caerle bien a Dios, para que nos quisiera y protegiera, con la seguridad de que existían los espíritus y los seres extraterrestres mucho más cerca de lo que la gente de afuera creía.

Los sacerdotes españoles, que habían dejado la iglesia para “buscar la verdad”, eran ahora mi padre y mi tío, y no me costaba verlo así porque estaban con nosotros desde que nací, en las cercanías de Santiago.

Pero…¿Soy entonces eso? ¿Soy el recuerdo de lo que he vivido?¿Un machetún o rito para que llueva cantado por los mapuches del valle, una lámpara de gas encendida o el fruto del péumo, pasado por el agua caliente? ¿Soy el niño que jugaba en las alturas de los árboles con el mono capuchino que más tarde tuvo que dar muerte, cuando enloqueció y atacó al marido de mi madre con inusitada ferocidad?

Más que una memoria 

¿Soy ese elegido que, según las comunicaciones con los “maestros” de otros mundos y como algunos “necios persistentes” siguen creyendo, debía recuperar del olvido a los hijos de Dios para que llevaran a cabo su misión?

O quizá sea el que transcurre y simplemente vive, el que no sabe ni siquiera de dónde salió…el que fui mientras buscaba lo que era, lo que soy, o lo que en verdad hace posible esta manifestación.

Había una algo antes de montar a caballo, del primer beso, de la cazuela de ave y del “prebre cuchareao”, que hizo posible vivirlos, esos salmos, la atención que permitió que escuchara hablar de Dios, de los Lamas, de Andrómeda, hubo un soporte donde los sentidos descargaban sus datos y donde lo hacen todavía a expensas del olvido de lo que soy.

Más…¿Sabemos quién es el que olvida? ¿Sabemos lo que ha olvidado? Tal vez la solución sea la misma y sirva, la respuesta, para satisfacer ambas preguntas: de esta manera el que olvida es mi verdadero yo y el verdadero yo de todos los pensantes…

Pensantes, como estado de conciencia, donde lo parcial es solo una sensación, un proyecto, una hipótesis, una manera de plasmar y graficar el alcance de lo que hasta ahora vengo recordando o, mejor dicho todavía, un paradigma de consecuencia que son el universo de este estado “humano de conciencia” que habita en la mente de un Dios no creador.

¿Cómo puedo saberlo?

Al comprender que primero está la idea que nos hacemos de las cosas sospechamos que las cosas son ideas, pero no voluntarias, porque la voluntad si no es absoluta, es otro fenómeno, puede que sea coincidencias con el destino, una una lectura parcial del futuro que aparezca como la sensación de querer hacer algo, una simple sensación como el tacto.

¿Es todo un proceso cerebral?

No diría eso. Es que el cerebro es antes que un objeto o un órgano, una lectura que puede que provenga de un universo, para nosotros abstracto pero que en verdad es más real que el mundo “de todos los días”, más coherente, menos alejado de lo que el Ser es en última instancia.


¿Cuántos otros yo pueden haber?

Los universos paralelos

Hay algo inconsciente que, del universo jungiano más que freudiano, es decir algo que parece colectivo o, también podría serlo, de un profundo e hirviente, bullente, intenso pozo de posibilidades de ser. Esa sería la naturaleza común, algo como el “somos” si se quiere conservar la idea de multiplicidad. Una idea por cierto forjada en los límites que proyecta una lectura o alcance limitado.

Para algunos ese mismo pozo es un conjunto infinito de universos alternativos. Lo que pudo ser está presente ahí como “pudieron estarlo” en la roca que tallara Miguel Ángel antes de empezar a esculpir.

Pude haber tenido otro nombre, otros padres, no haberme casado nunca, ni haberme dedicado a saber qué es la vida…

Así es que amparado en aquella Teoría Pulsante del Universo, donde los bigbangs se repiten así como también las retracciones, espasmos universales donde se gestarían infinitos yo. Surge entonce esta cuestión:

Si todas las variaciones de cada uno de los posibles universos también podrían estar conteniendo un “yo” modificado, bien pudiera ser que esas variaciones fueran dando una gama de seres humanos tal como la hay, la hubo, la habrá y pudiera haberla habido.

En palabras más simples: cada universo de los infinitos posibles podrían contener una versión variada de mi sin siquiera saber eso ninguna o muy pocas de estar versiones.

Tal vez hubiera estado en las antípodas y mi ideología hubiera sido tan cerrada como la de un religioso ortodoxo, tal vez hubiera practicado el canibalismo, en otras condiciones…

Las variaciones pueden recorrer colecciones o clases de variaciones que podrían afectar la forma física, la actividad interna de los órganos, el lugar geográfico donde se vive, el tiempo en el cual se existe, las diferentes maneras de interpretar el mundo, los sucesos y su incidencia en la personalidad y más…

Aún así, todos estos posibles “yos” parecerían otros desde el punto de vista de la identidad específica de cada ser, en tanto presentarían diferencias cada vez mayores. Si las variaciones fueran tan grandes, bien podría decirse que al final de una transformación podría ser que la mutación de mi “yo” terminara en la aparición de una colchoneta, un instrumento musical, una ecuación matemática , una idea de algo…

Pierde entonces mucha importancia mi forma actual, o gana importancia en su desvalidación, en este punto, para salvar mi identidad del colapso de una “existencia” pendiente de alfileres, me rescato en el siguiente razonamiento:

Nunca fui el yo que creí que era, así que el que se está diluyendo es un cálculo erróneo de lo que soy.

¿Erróneo en base a qué? ¿A los parámetros que esta forma cultural adquirida, condicionada por las parciales conclusiones de la raza?

Solo podría decirse que la existencia, la experiencia, la gama de matices, no es una interpretación capaz de contestar preguntas respecto a la esencia de lo que ES, pero sí puede dar una gama infinita de lo que Parece Ser, de la grandeza que habita en el seno del SER.

En el Parece Ser es donde anidan entonces mis múltiples “yos”, y los múltiple universos posible emanados de la lectura de esta conciencia elástica que no es ni tuya ni mía pero parece anidar en ti y en mi.

Una reflexión hacia lo atemporal

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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