La riqueza de la lengua española


lenguaje

Versión Rioplatense: “Los huevos”

Hace poco discutía amistosamente con Martín respecto a la riqueza del idioma español, el castellano, para ser más preciso. Como Martín tenía una impresión empírica, es decir, basado en la experiencia de su peregrinaje por el país norteño, habiendo vivido en Texas y en otros sitios de los EE.UU. le parecía que no había mucha diferencia.

En cierto momento la conversación se centró en la polémica respecto a si el inglés era, lingüísticamente hablando, un idioma más pobre que el castellano. Poco antes había traído yo a la memoria el hecho de que los ingleses se han destacado más por las matemáticas que por las obras literarias y, hasta su filosofía predominante o característica, le empuja hacia el operar científico en el empirismo inglés de Locke o Hume y no a la necesidad de crear un lenguaje para el pensamiento metafísico.

Citado entonces ya el antecedente y agradeciendo un artículo español que sirvió de semilla a este comentario se me ocurrió demostrar en forma bastante nítida la explícita riqueza del lenguaje español que a veces no explotamos ni valoramos lo suficiente.

Más aun, la singular potencia del concepto en el contexto rioplatense suma, a la lengua madre, un número mayor de acepciones a un simple vocablo que en general designa al cigoto desarrollado del ave en plural o singular: Los huevos o el huevo.

Dejando claro, además que en un sentido popular, este término hace referencia a los testículos o vesículas seminales, un atributo masculino que, como veremos se presta para analizar por sus inconcebibles variantes que se han ido forjando como capas geológicas en las lenguas de por aquí.

Si el vocablo “huevo” se acompaña por el artículo indeterminado “un”, que puede significar “uno”, el término adquiere el significado de costoso: “Me costó un huevo”.

Paradójicamente, la carencia del par puede, significar también cobardía, esto queda muy claro cuando se utiliza así: “¿Te faltan huevos?”.

En lo que a coraje se refiere, cuando alguien menciona “A puro huevo”, lo hace en torno a la idea de “fuerza de voluntad”, siendo así, “huevos”, un comodín lingüístico de probada validez.

Dijimos ya que antecedido por la preposición “con” indica valor: “era un tipo con huevos” y apunta a la cobardía o timidez cuando es precedido por la preposición privativa “sin”: “Un tipo sin huevos suficientes para decir la verdad”.

Siguiendo por el camino de la cantidad, puede conjugarse con el verbo chupar, verbo sinónimo de succionar, en una expresión de desprecio o desinterés: “Los políticos no hacen nada porque a ellos, todos nosotros, le chupamos un huevo”… Esto es que nuestros sufrimientos no le mueven un pelo”. En un ámbito personal quiere demostrar indiferencia: “Lo que hagás, me chupa huevo, me chupa” como diciendo “hacé lo que te plazca”.

Esta misma expresión en español, en el original, tiene una variante: “Me importa tres cojones”. Como “cojones” y “huevos” representan la misma cuestión, vemos que en la expresión ibérica se aumenta el número de unidades (como si en estas latitudes dijéramos: “me importa tres huevos”) para exagerar el sentimiento de desvalorización del tema de conversación.

Las relaciones entre el concepto tratado y las matemáticas evolucionan con el tiempo. De la contabilidad se desprenden enunciados como el que sigue:

“Me costó un huevo y la mitad del otro”. Si “un huevo” es caro, “uno y la mitad del otro” es un disparate. Así mismo, hay un claro razonamiento lógico-matemático en la afirmación enunciada que implica un soporte previo de conocimiento de fracciones: 1, 5 huevos.

De todas formas es también indisociable, esta misma oración, de un contenido socioeconómico, donde la carestía de las cosas se plasma en la privación de la potencialidad del placer, de la virilidad y la reproducción humana.

La acepción varía entonces de acuerdo al verbo que acompaña a la palabra “huevos” como lo vemos en la expresión que indica valentía: “Hay que tener huevos”. En algunos casos se trata de una sugerencia a participar en determinadas decisiones: “A ver si te ponés los huevos y le decías a fulano que…”

La relación entre cantidad de “huevos” y osadía se vuelve a repetir en la jerga uruguaya: “¿Acaso alguien tiene tres huevos como para enfrentarse conmigo?” o la conocida afirmación con la que se ostenta valentía: “Me sobran huevos”.

Mientras que, junto al verbo tocar, es una advertencia: “¡No me toques los huevos!” que puede traducirse como: “No te metas en mis cosas”, también se usa para explicar que el otro nos está provocando a la riña “Me está tocando los huevos”.

Otra amenaza aun más incisiva utiliza, junto a este polifacético sustantivo, el verbo cortar: “Te corto los huevos” o, en el caso de una sentencia en contra de uno mismo: “no, si esto sucede, te juro que me corto los huevos”.

En forma genérica, se dice: “Se me caen los huevos” al querer explicar que hay algo que te tira abajo y es causante de un estado depresivo, cuando no se puede más: “te dan ganas de cortarte los huevos”.

En nuestras latitudes, se usan estas expresiones incluso con el vocablo omitido, un claro ejemplo es el verbo llenar: “dejá de llenar”. El verbo alude a la oración: “ dejá de llenar los huevos”, una manera bien rioplatense de decir “deja de importunar”.

Asociado al reflexivo del verbo rascar vemos que este término se vincula con el concepto de vagancia: “Vive rascándose… los huevos”. No hacer nada es sinónimo de “rascarse los huevos” y los que “pasan rascándose” son los que no se preocupan por conseguir trabajo ni ser útiles a la sociedad.

La adjetivación del nombre o sustantivo puede apreciarse en la palabra “huevón”, o las analogías físicas con los estados de ánimo o personalidad han permitido un sincretismo muy particular: “Me tiene los huevos por el piso”, para decir “me tiene cansado”. En este mismo sentido se puede aludir a la variación del tamaño o la forma: “Me dejó los huevos chatos” siendo utilizada también la palabra “pelotas” indistintamente como sustitutivos de “huevos” o “bolas”.

Haciendo uso de la plástica descriptiva del adjetivo calificativo se puede indicar cansancio “Quedó con los huevos cuadrados”.

Notemos que se opera una evaluación de la variable capacidad de los huevos y de su irregular volumen de acuerdo a la reacción de uno ante otro: “¡Es un infla huevos!”, “Me sigue hinchando los huevos”, etc. Así es como toda persona cargosa corre el riesgo de que la denominen: “Rompe huevos” o, más sutilmente: filo de sartén.

La tolerancia o paciencia en una persona también puede señalarse diciendo “Tiene los huevos de fierro” y, por un capricho del lenguaje, aunque el costo de un huevo sea caro cuando “le importás un huevo a alguien” es que no vales nada para ese alguien, que no existís.

Yendo más lejos aun, entre sus acepciones más abstractas, hallamos involucrada la metafísica de la voluntad: “Lo haré cuando me salga de los huevos”. Se lo ha anexado, en este orden de cosas, al verbo cantar: “Me puedo ir cuando me cante de los huevos”, así el individuo estaría explicando la libertad de marcharse cuando le de la real gana.

No sé si en inglés caben tantos textos en función de “un par de huevos” pero no creo, es poco probable que a un yankee “le den los huevos” para extender tanto el lenguaje para decir cosas que no son “huevadas”.

De las notas de D. Stack publicadas en Facebook

 

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Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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Una respuesta a La riqueza de la lengua española

  1. gissel dijo:

    esto es genial!!!!!…………o sea…ja,ja……ejemplo : todo el mundo le vió los “huevos ” a uno de nuestros jugadores de la selección por you tube……..entonces..esos son los “huevos de la pura voluntad del jugador”………..¡ya entendí!!!!……..me encantó

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