Guerra y nación


Sobre Nacionalismo y guerra

Por D.Stack

belicismo

El nacionalismo es sin duda consecuencia de la cortedad de alcance en la experiencia, en el conocimiento, es así una conclusión de la deficiencia, la que también está implícita en los sentidos.

Un nacionalista no solo siente que su nación es una parte del mundo sino que la siente “aparte del mundo”.

Pero…

¿Qué es lo que no le permite al exacerbado sentimiento nacionalista ver como hermanos a los que están más allá de la frontera?

Recordemos que la definición de nación siempre encontró dificultades para expresarse ya que no se trata de una unidad territorial, una nación puede estar territorialmente dispersa.

Tampoco es característica indispensable de una nación el que pertenezca a una misma unidad étnica, vemos que hay naciones donde conviven decenas de etnias diferentes.

Que una población maneje una lengua común no es condición suficiente para que sea una nación. Esto porque en muchos países existe la multiplicidad de idiomas o dialectos mientras que, por otro lado, hay naciones que usan una misma lengua y no por ello son una sola nación.

Pero al final la cuestión se define de la siguiente forma: Una nación es aquella que tiene un ejército. Esto porque se supone que tiene una soberanía qué defender. Incluso cuando éste represente una fuerza minimizada hasta el ridículo frente a una potencia militar como el ejército del los EE. UU.

¿Esto se puede seguir analizando?

Ya parece tonto continuar siguiendo el rastro de una nacionalismo naufragado en el oceánico poder de las empresas privadas. Pero es lo que empezamos a hacer y, aunque esté obsoleto hasta el sentimiento de nacionalismo, lo revisaremos igual, pese a todo.

Porque la cuestión es que aunque no tenga sentido sentirlo, se sigue viendo y hasta celebrando, como un valor añejo, pero de los buenos, una cuestión parecida a la desaparecida consigna del honor. Y eso es un espejismo muy bien aprovechado por los poderes déspotas, en verdad apátridas, diseñadores de la sensación de autonomía nacional.

Me atrevo a proponer unas ideas que podrán erradicar de la memoria moral, de los ecos de la educación anticulturante, la política que cree que la vara sirve para guiar el tronco del árbol, la de la obediencia sin revisión, por respeto o por fe. Más precisamente a sacar de la cabeza de la gente esa devoción por “lo nuestro”, “lo propio”, “lo de acá”.

Peligros del “efecto clan”

La sensación de manada es el antecedente inmediato a la sociedad en la que vivimos. Por eso, sobrevive en la sombra instintiva y poco iluminada por la razón, emergiendo incluso, ornamentada de sensibles acordes como si fuera un sentimiento divino, el nacionalismo.

El patriotismo se enardece en un halo de heroísmo donde la causa está definida por los contornos de la libertad. Pero… ¿Puede la libertad tener contornos?

Al parecer, hay un perfume de mártires, de cielo conquistado en la batalla, clarines resuenan a lo lejos mientras las almas caen por la bandera en la noble entrega:

¡Libertad o muerte!

Y el honor se defiende con la espada de la independencia. ¡Patria, libertad e independencia! Conceptos que suenan lindo en el oído.

¿Qué independencia?

La posibilidad de tener rivales cercanos, de poder combatir no ya contra el opresor, el colonialista, la corona española o portuguesa, sino ahora contra nuestros propios hermanos que gozamos de sendas e inútiles cartas de independencia que nos permite tener nuestros ejércitos de medio pelo, lo suficientemente armados como para hacernos heridas profundas e incurables a nosotros mismos y a nuestros hermanos.

Otra vez vulnerada la diplomacia por las terceras intenciones. La ambición de los que encuentran la forma fácil de hacer dinero. Las terceras intenciones se han disfrazado de diplomacia y han usado la guerra nacionalista, han inventado los límites territoriales para seguir consolidando un poder que separa, crece así, en el ejercicio de la rivalidad en nuestro sur, en oriente, en los segundos, terceros y cuartos mundos.

Pero lo cierto es que el nacionalismo tiene poco de caballeresco o decente y mucho de separatista y discriminador. Es un sentimiento falso, inflado con mentiras históricas para ganar lugar en un vacío que tenemos que ir llenando con contenido genuino. Un vacío se llena no con propiedad privada sino con la empatía y la buena convivencia.

Se intentó llenar, sin embargo, con el parcelario pensamiento del “aquí” y el “ahora”, conceptos que ya han dejado serias secuelas en el medioambiente y en la psicología de las masas, en la cultura del planeta, convirtiendo este flujo de “poder” en un aparato de control, un placebo que toma las riendas eufóricas del colectivo y “no nos deja pensar”, como cuando juega nuestro equipo frente a un rival legendario y nuestra sangre bulle en este recreo improvisado de Dios donde se olvida la lógica del conjunto total.

Se hace así muy claro que es peligroso cualquier exceso de patriotismo cuando no se ha analizado a qué responde esta emoción, si es una cuestión elegida o inculcada y si finalmente no hay un manipuleo, cuando se inyecta este fervor por la defensa de lo conocido solo porque estuvo físicamente cerca o al alcance de nuestros sentidos y se siembra la insensibilidad y la apatía respecto a lo lejano.

¿Cuántas veces sufrimos más la muerte de una mascota que la masacre de una población entera en las antípodas?

La carrera evolutiva ha mostrado que el avance de la conciencia descentra, da una panorámica hacia la objetividad, substrae al sujeto de su circunscripción a lo pequeño, le pone por encima del “yo y mis circunstancias”, lo saca del cuero del conejo. La cabeza se eleva por sobre los obstáculos que enciman información irrelevante por sobre las verdaderas prioridades, así funciona la dinámica de la conciencia, la cultura, la sabiduría. En este sentido exporta al sabio del clan, el arrebato de su espíritu lo lleva más allá del alcance diario y amplia el rango de su visión.

De cierta manera, hace crecer la patria más allá de la convención política coyuntural y lleva la nación hasta los confines del propio conocimiento:

“Mi yo no termina aquí, se expande hasta donde llega mi mente y aun más allá, es decir hasta donde llegará o pueda llegar…”

Así es como una psiquis en evolución transportará ese sentimiento del patriota a una empatía universal y el apego grupal cederá el paso a la compasión por todos los seres vivos y a la conciencia del Uno.

La identificación con la costumbre, la tradición, como forma de vida, la renuncia al cambio, a lo nuevo, es amputar la capacidad de crecer a otros regímenes, es como perder esa única parte de la mente que podía llegar a vincularnos con el infinito.

La guerra inventada

Ay, debo decir, por los pobres de mente que sigan creyendo en la idea de Estado. Cuando aun se sienten partícipes directos del gobierno cuando se sabe que ni los gobernantes gobiernan.

Marionetas, eso son, que triste, decir que están en el gobierno y cumplen funciones como empleados de un gobierno continental, empresarial, una de cuyas funciones es fingir que se gobierna. Se valorará en un presidente la expresión escénica en este teatro de las naciones.

¿A quién le sirve esta comedia burocrática donde se alienta el individualismo, el nacionalismo, la defensa de las fronteras y de la idiosincrasia de cada pueblo, su libertad de cultos….?

A los que prefieren que haya más diferencias que coincidencias. Los que fundaron el sistema del caos. Morgan, gran capitalista y banquero, referente de los peces gordos del sistema, enseñó a la “sociedad secreta de millonarios” que era bueno mantener separados a los amigos, en conflicto y con medias verdades a la masa, así eran fáciles de dominar.

Hoy se enseña la guerra, la diferencia, la separación, el conflicto a través de los medios de comunicación. Hoy se estimula hacia el fin mediante la siembra de vacíos afectivos, intelectuales y sapiensales. Los psicólogos que trabajan para el sistema han encontrado un método eficiente de narcotizar personas. Los hacen apropiarse de banderas de otros y luchar hasta la muerte por ellas. En un caldo consumista y sin valores como en el que vivimos es fácil mantener deseos que no son propios, deseos plantados mediante la enajenación, por medio del caos y la desinformación de masas, deseos de otros transpersonalizados a la gente.

¿Qué cosa más desesperanzadora puede haber que descubrir de pronto que nuestros deseos no eran nuestros?

¿Qué otro infierno es tan sordo y oscuro como éste que cuando pensamos no lo hacemos sino con los argumentos falsos que nos han injertado en la personalidad?

Las primeras etapas de lavado de cerebro colectivo aparecen con la historia de la propiedad privada, hace apenas 250 años. Antes la propiedad de la tierra era impensada. Pero cuando la tierra y el trabajo se convirtieron en bienes comerciables, por inventiva de los burgueses comerciantes y banqueros, se hizo posible la instauración de un sistema de “huesos” que hay que defender y “perros” capaces de almacenar grandes cantidades de “huesos”.

La reciente historia latinoamericana nos enseña esta misma cuestión. Una sensación de nacientes repúblicas orquestada por los intereses comerciales de Francia e Inglaterra. Los paisitos serán entonces perritos entretenidos con un hueso.

Entrando en el siglo XIX, la gran perdedora es una España colonial y mercantilista en franca bancarrota. A un ritmo similar la Iglesia Católica pierde fuerzas ante otras interpretaciones ligeramente retocadas de ilustración y libertad. Mientras que París, capital de los Derechos Humanos y del arte, la cosmética y cocina, se yergue de los abusos del Absolutismo; Londres empuja los engranajes matemáticos de la ciencia empírica y tras de Newton viene la industrialización del mundo.

España ha perdido el poderío malgastado en la mala organización y los intentos de dominar a sus colonias insurrectas. Ya ha pasado sobre el pobre cuero ibérico el peso del ejército napoleónico y el hambre asola el reino de Castilla. El reino de Castilla ha perdido su batalla contra la burguesía victoriosa en todo el mundo.

La secuela perdura todavía sobre la pobre y desgastada península ibérica. Algunos ofensores la denominan despectivamente “la cloaca de Europa” haciendo referencia al atraso industrial y social, que pesa sobre su desigual carrera. Ya no será yugo de las poblaciones criollas tras el grito de liberación.

Pero tras la independencia suena una sentencia que parece, más que un grito de libertad, una amenaza que no tardó en hacerse carne:

“América para los americanos”

El superdesarrollo de las que fueran las 13 colonias inglesas en América convirtió a los EE. UU en poco tiempo en la potencia más importante de occidente. Pero el sistema emanado de los “principio lockeianos”: El liberalismo, no iba a respetar naciones, porque los bloques empresariales que protege el sistema son privados no estatales.

Así parece que la nación no solo no existe hoy sino que nunca existió pero así y todo, se ha venido utilizando este concepto abstracto con regularidad, sobre todo para provocar guerras entre vecinos o invasiones que coincidentemente son muy aprovechables para ciertos grupos empresariales de occidente.

La independencia, regalada por las potencias europeas, no es entonces una verdadera independencia sino que tan solo significó la orfandad respecto a la tutela española y la necesidad de “imitar” otros procesos independentistas de otras regiones asumiendo una Constitución copiada, planificada por los burgueses y para los burgueses, toda la dinámica estatal “aparece” como un proceso de nación independiente pero en realidad es el cambio de poder hacia un nuevo y civilizado tipo de esclavismo: El estilo de vida americano. El sutil esclavismo de hoy.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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