Poema metafísico


El maizal del ser

Nadie ponga la palabra entre comillas

por ser solo palabras de otra boca

si es que tienen, sin dudarlo, ese sentido

que armoniza lo que antes fue sorpresa incontenible,

evitando el desconcierto, dependencia o desazón.

Y si vemos que en la sombra más poblada de pobrezas, donde el ojo ya no puede,

donde nada tiene voz o por lo menos no se llega hasta esa parte,

no hay manera de acertar con las flechitas que en la hipótesis se encienden,

mas…

sin fuerza, sin potencia, se disfrazan de ilusión

y se invalidan de terror.

Un escéptico

ha nacido en este entorno

porque sabe que no puede

con su falta inflacionaria de razón,

con la chaqueta del tiempo

y una garra existencial

entretenida en la libido,

con banderas de humanismo o con la hoz.

Un fatal

desposeído de esperanza

que se sabe poca cosa ante lo inmenso e infinito del afuera, incomprendiendo la falacia del Big Bang,

y lo imposible de un comienzo,

refrigerando la noción de ser un siendo, no un viviendo,

sino un siendo que se sueña en el vivir.

Es esa misma inflada inconsistencia

la prueba irrefutable de que la esencia no esta vacía,

pero, ciertamente, se vuelve palpable,

se hace evidente, se puede entender,

que se prende la mecha cuando empieza a quemarse,

que se inventa la parte cuando no se ve el todo,

que se hace la vida, de todos modos, en el seno de lo que no que no se ve.

Ahí esta la grandeza de la sabiduría

Su poderosa herramienta de poder olvidar,

que riega en un abstracto de butacas vacías,

los límites virtuales,

las ganas de llorar,

la escasa idea clara,

perdida entre las cosas del hoy y del acá.

¡Vamos ya, ahora jalemos de la vida hacia delante!

Sin pasar nada por alto,

porque en estas sombras raras,

en vacíos inventados,

en el ancho del espacio

y en la sarta de mentiras

transcurridas por los siglos,

en el tiempo relativo del “pasando”,

entremedio del despótico y continuo vaciamiento de modelos, hay,

seguro,

lo que nunca falta y siempre, siempre, siempre, está

situado entre los ojos de tu mente.

¡Vamos!

Vivamos encendiendo lamparitas

que recrean una luz que nunca falta

y aun cerrando los mil ojos del silencio sordomudo de los salmos,

esa luz está filtrada en la conciencia,

más siquiera, aun escondida, esta presente en cualquier mente que se jacte de pensar.

Vive tu feliz esa ilusión ilusionada,

dame esa mano que pretende ser de otro,

siente la leve sospecha de repente…

de que no estás,

que no eres tal,

que ese es apenas un esbozo razonado

con la escasa aparición de nuevas pistas

que se dejan entrever entre la niebla

sin decirte nunca toda la verdad.

Y así es mejor,

como marea incontenible,

es mejor no saber que se sabe,

saberlo todo es como ser el fondo de un océano,

estar por siempre como axioma base… sosteniendo,

como una cordillera submarina, la bullente vida,

la existencia existencial,

una isla psicodélica donde un gigante paranoico

se cambia eternamente de disfraz.

Una isla teatral y enfurecida que se cree sostenida por las redes complicadas de un maizal.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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