El arte de la guerra


arte de la guerra

Sun Tzu y la supervivencia

Introducción

No es extraño observar como conviven de forma muy cercana extremos que nosotros creemos, en una primera instancia, irreconciliables.
Tal vez sea este otro ejemplo de esta armonización del conflicto donde se puede disfrutar de la ciencia implícita en el combate o en la guerra.

Estimulado por algunos comentarios que, en distintas oportunidades, han venido a buscar refugio en mi consciencia, anidando allí en pos de una curiosidad mayor y así también del despeje o, modestamente, del intento de aproximarme a esta cuestión del Arte de la Guerra.

Al parecer, esta obra antiquísima, fue escrita unos 500 años antes de nuestra “era cristiana”, en China por el general Sun Tzu, al que se conoce ya como maestro de esta ciencia que, como veremos, trasciende a la logística militar y es empleada hoy en campos muy diversos.

Vale la pena aclarar en este punto que guardaba cierto recelo con respecto a la filosofía de la obra, en tanto ya estaba sabiendo que, el texto del que hablamos aquí, ha sido utilizado en nuestros tiempos, con grandes beneficios, en las técnicas empresariales.

No se trata, empero, de la única fuente de inspiración del libremercadismo, también una psicología mucho más reciente, el conductismo, se extendió simultáneamente en los ambientes militares como en las políticas de las empresas de capital privado.

Pero “El arte de la guerra” es citada como la primera reseña de este tipo y, viniendo como viene de una parte del planeta empapada por la sabiduría desde los comienzos, pues me pareció importante acercarme a sus dictámenes para saber un poco más de este legendario libro.

Los dos principios

Sun Tzu, pone de manifiesto en su obra que todo arte de guerra hace uso del engaño.

Este es el primer axioma base de su estudio del fenómeno bélico y, deja muy claro una independencia de la ética que repite la célebre expresión popular: “En la guerra y en el amor todo vale”.

No deja de resultar repulsivo el tener que admitir que para ganar una guerra sea determinante la astucia, la estratagema y el señuelo. Pero el sabio chino ha llegado a estas conclusiones a fuerza de experiencia y observación en esta carrera por la supervivencia.

El segundo principio implica el sometimiento del enemigo sin necesidad de combatir. Otra cuestión que no deja de crear resistencias en las mentes evolucionadas de nuestros tiempos.

Vale decir, sin embargo, que son pocas las inteligencias que llegan más lejos que Sun Tzu y es precisamente esa constante de ignorancia asignada a las diferentes épocas la que ha mantenido vigente hasta nuestros días los perjuicios del engaño y el sometimiento de los pueblos a manos de unos pocos empresarios, hombres de negocios armados de esta cartografía donde se aprenden las bases de la competencia y la explotación.

Engañar es, por otra parte, la estrategia de muchos seres vivos para sobrevivir. Los animales cazan o capturan sus presas armando celadas y trampas o viven bajo la sombra de líderes, en ocasiones déspotas y violentos.

¿Debemos pensar entonces que el maestro Sun Tzu está en lo cierto al suponer que el ser humano, pese a la racionalidad, debe seguir esta huella primitiva de la animalidad para poder vivir?

Críticas válidas al pensamiento de Sun Tzu

Se conoce que, haciendo honor a este venerable de Oriente, pero más bien a sus propios bolsillos, los grandes capitalistas de los últimos siglos, al igual que otros personajes de la antigüedad, como el propio emperador Marco Aurelio, se ciñeron a los consejos del “general amarillo”.
Se conoce que, en los manuales actuales que versan sobre gestión de empresas, se pueden leer frases completas “sustraídas” de esta legendaria obra.

El maestro supone que la vida, más que una danza, es un conflicto donde el que vence vive y el que pierde muere.

Hoy la empresa en sí ha sustituido al ejército y los medios materiales de la misma toman el lugar de las armas.
No hay vestigios, salvo en la admiración que el Sun Tzu demuestra hacia el que logra vencer sin luchar, de comunión, de cooperativismo, de sincronización entre los pueblos.

¿Será acaso que en aquellos tiempos no prestaban atención a los fenómenos simbióticos, es decir a las asociaciones entre los seres vivos como forma de perdurar?

Sin duda la vida presenta una lucha de ingenio donde la sabiduría recibe una buena paga: la supervivencia. Pero también es cierto que los grandes adelantos sociales, científicos y “sapiensales” han sido de tal magnitud que se entienden como entregas colectivas y no como estrategias de usufructo egoísta y parcelario.

Por eso, constatar que todavía rige una visión de hace 2500 años no debe ser la legitimación de la guerra como única forma de vida, sino más la lentitud que lleva el progreso de la racionalidad humana.

Está claro que cuando aun teníamos la venda instintiva y desprovista de razón sobre los ojos éramos capaces de competir a muerte por “un pedazo de pan” aunque tuviéramos que asesinar a nuestro hermano, pero hoy eso, aunque se siga haciendo, no tiene sentido.

Lo mismo puede decirse de la guerra entre pueblos, del engaño, generador de grandes conflagraciones, la disputa entre países vecinos, entre seres humanos… no es una condición indispensable para la vida, no es preciso robar la vida de otros cuando podemos adquirir la energía del cosmos gratuitamente.

El general dice que la guerra se gana mejor sin derramamiento de sangre y aun así habla de vencidos y vencedores, pero el planteamiento de un sabio que no llevara el militar adentro sería muy diferente:

Una integración de pueblos donde los enemigos son los problemas sociales y la astucia y las inteligencias de todos los rincones del planeta se empleen en este desafío para llegar a las soluciones colectivas por un camino de asociación de seres por la vida.

Conclusión

Rescatables son, de todas formas, las pistas que este clásico nos entrega para el entendimiento del hoy. El arte de la guerra pone al desnudo la topografía de un campo de batalla en la que el hombre pierde su visión holística, su sentir profundo de comunión, se llena de vacíos y, en la mayor parte de las veces, deja la vida por intereses que le son, en verdad, ajenos.

Es comprensible la vigencia de una obra de este calibre en un mundo que está, en muchos sentidos, aun en el primitivismo, en la inconsciencia masiva donde el conflicto es pan de cada día y el engaño un método recomendado por el sistema, también podría cuadrar en estas circunstancia “El príncipe de Maquiavelo” o “Mi lucha” de Adolf Hitler.

Así es como el conflicto bélico, para los empresarios, se convierte en una molestia porque se mata a la mano de obra, se pierde dinero y efectivos en las escaramuzas, se estropean las materias primas, se diezma a la población consumidora…

Pero… ¿Cuál es el precio de los que siguen vivos en virtud a la “misericordia” de los empresarios?

Los consumidores, los contribuyentes, los no privilegiados, la masa, vivimos una muerte en vida, una falsa realidad, ya que el engaño que articula la empresa alcanza al ser en todos los órdenes de su existencia.

Los vacíos, estratégicamente sembrados en beneficio del capital, inflan un modelo de mundo incongruente, lleno de “baches”, de interrupciones, de cabos sueltos, de fronteras para la conciencia.

Digamos que hace más de 2500 años, Sun Tzu, vislumbró parte de la verdad: “La unión hace la fuerza” y la alianza es mejor que la guerra, aconsejando la diplomacia y las negociaciones por sobre la pelea.
Se hace notar la llamada paradoja del Arte de la guerra en tanto se trata también de un libro que promulga la paz. Esta noción queda expresada en las propias palabras del sabio cuando explica que es mejor ganar sin lucha y que la calidad de un militar se manifiesta cuando es capaz de vencer sin entrar en batalla.

En este sentido, está claro que ni siquiera hoy se respetan las pautas de Sun Tzu cuando dice:

“La mejor victoria será siempre cuidar de la integridad de las tropas derrotadas y de las gentes del territorio conquistado”

Solo basta echar una mirada a las naciones que han sido devastadas por la avaricia de los empresarios y de sus mercenarios: Irak, Afganistán, Latinoamérica, África…

Vemos entonces que la esencia de la obra de Sun nos habla de la prudencia como un arte fundamental para conservar la vida.

“Valora las ventajas de pedir consejo, y después estructura tus tropas en consecuencia”.

Por lo demás, se trata de un trabajo que exalta, además de la prudencia, la observación, el buen juicio, la apreciación, la deducción y otras virtudes relativas al conocimiento de uno mismo, del adversario y de las condiciones imperantes.

Ahora bien, recordemos que Sun decía que si te conoces bien a ti mismo pero desconoces al contrincante, una batalla será a favor y otra en contra.

Si no te conoces a ti ni al adversario es probable que pierdas cada batalla.
En este sentido el consejo indica profundizar en uno mismo y en el otro lo más posible para conocer incluso lo que se piensa y por qué se piensa así.
Pero…

¿Qué ocurre cuando como resultado de este escrutinio se obtiene que no hay nunca un adversario absoluto?
Más aun, cuando llegamos a la unidad de todo y a la imposibilidad de un riña esencial en la inmutabilidad del Ser Universal. Tal vez entonces empecemos a comprender que las victorias nunca contienen sometimiento mediante engaños sino que es en la paz donde se regocija el espíritu y la razón.

Vale la pena entonces considerar El Arte de la paz.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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