Mi tesis doctoral


obra d.stack

Capítulo VII. Plazoleta, el barrio fantasma

La tesis que voy a presentar, en procura del título que me compete, va a suscitar un gran alboroto, una verdadera explosión bacteriana, nutrida y virulenta. Publicar este trabajo es compartir la confirmación viva del 75 % de mis teorías sobre virosis psíquica y epidemias de la realidad mensurada. Es, además, un documento vital del funcionamiento interno extraoficial del CIP.

Por otro lado es también una elegante manera de sacar al sol los trapitos sucios de nuestro Centro autónomo, poblado de marionetas y de altos coeficientes mentales algunos de los cuales lucen hoy en un avanzado estado de descomposición intelectual.

Indiferentemente al sospechoso accionar del CIP, la rica experiencia y la accesibilidad de información de la que dispongo, han acrecentado mis propios méritos y expectativas. Ahora, además de estar comprobando fehacientemente la Teoría del Recorrido inverso y los engranajes del Postulado de la resistencia mínima (intuido luego de una terrible pesadilla), ayudo a hacer girar la tierra aportando mi granito de arena a la citada Rebelión de las Musas, que describió Carrell.

-Después de los primeros tres meses de celibato voluntario en el colegio (porque permitían salidas maritales siempre y cuando no se crearan ninguno de los vínculos sentimentales no permitidos en la Tabla de Hosse), comencé a cambiar de opinión con respecto a mi abstinencia –confesó el sensible Thom Quarck a los del Sauzalito -Incidió notablemente en ello el rumor, cada vez más impetuoso, de que existía una anarquía carnal, una celebración báquica, que venía reanudándose desde hacía años, en determinado horario, sectores y bajo códigos tácitos bien definidos entre la población del edificio.
-Hay puertas secretas de interconexión –aseguró Marucho, que no se despegaba del contador geiger (que detecta la radiactividad) y llevaba colgando un péndulo magnetizado por electrólisis.

-La noche de brujas, después de los festejos, sorprendieron a tres hermanitas desnudas en la oficina con el rector y dos de los inspectores mayores –agregó otro maniático de la física cuántica. Éste transportaba un espectrómetro, tres cápsulas de plomo con material radiactivo dentro y una lata hermética que según él contenía neutrinos en almíbar.

-¿Qué tiene de malo que las mujeres sean libres? ¿Quieren volver a la Edad media? –solía interrumpir Lerena las excitantes historias que pasaban como corrientes de aire. Seguramente el licenciado venía usando los servicios del Comité Mamal hacía rato. Era una mala idea provocarlo -¿O será envidia lo que sienten estos jóvenes inexpertos? ¿Van a quedarse a ver como los grandes saboreamos el dulce? ¿Van a seguir chupándose el dedo?

Lerena, con su onda de anarco, contraria al favoritismo secularizado, me hizo ver las cosas desde otra perspectiva, en realidad el sólo hecho de escucharlo me ayudó a recuperar mi salud biomagnética aunque los efectos colaterales del tratamiento que elegí provocaron este estigma de ser otro Iluminado menos con el peligro de que el grupo de Vergara y los del Consejo de Salem crean que lo sigo siendo.

-La madre Fecundonna es la que te diploma –explicaba Sifilósofo adoptando sus “maneras” ante el grupo de adolescentes y adultos que nos reuníamos en el sótano de la Zona C, el lugar de las visiones –el pasado mes de Julio, la depravada, recibió a cinco al mismo tiempo, cinco nuevos integrantes del Comité Mamal en el circo de intergenéticos.

Al vengativo Sifilósofo le gustaba hablar mal de Pía, si bien ignoraba que seríamos amantes próximamente, sabía que yo la apreciaba mucho y aun así gustaba de provocar mis iras. Afortunadamente siempre ocurría algo que me arreglaba el humor.

-Hermanita, mmm… ¡Qué senos, madrecita! sí, mmm, son deliciosos –Nunca olvidaremos ese comentario del Sonámbulo Peña que, aunque parezca mentira, dormido encontró un pasadizo escondido entre los Girasoles de Van Goh, se metió por él, llegó hasta la Alcoba Coital y fue sodomizado, en ese mismo recinto, por veintidós hembras hasta quedar ellas mismas extenuadas. El idiota volvió maquinalmente, tal como había salido, y al otro día no se acordaba de nada. Sólo una fatiga persistente, para él inexplicable, testificaba el desgaste biológico y energético sufrido por su cuerpo físico.

-El inestable Quarck absorbe grandes cantidades de fotones libres durante los experimentos –acotó la Dra. Gaaraf – ¿Cómo pueden mostrarse sorprendidos ante lo voluble de su personalidad? ¿No se conoce acaso que la sicología se deriva de procesos idénticos a los electromagnéticos? –la especialista trataba de disuadir, a los del Consejo, para que no prendieran a su paciente por infracciones en la línea de SP (Sentimientos Prohibidos)

Siendo yo muy compinche de la Dra. y gozando de ciertas libertades, como redactor de la Gacetilla y prestigioso erudito, pude leer la siguiente confesión psicoanalítica de Thom, realizada bajo hipnosis en el diván más comprensivo del edificio: “Estos acontecimientos me iban sorbiendo poco a poco la voluntad.

Los atávicos comandos de la raza poblaron densamente de nubes mi Olimpo, mi hades, mis ansias, hasta que una tromba de sustancias naturales, hormonas y feromonas fugitivas, reorganizaron mi visión del mundo. Estas hordas químicas venidas de la callosa membrana umbilical del hipotálamo, distribuidas por las glándulas suprarrenales y finalmente convertidas en estimulantes del sistema nervioso, fueron agudizando mis sentidos y empecé a encontrar, diseminadas estratégicamente por la geografía sicológica del montón, las claves de acceso a los harenes del monasterio. Se abría ante mí, la otra cara del CIP. Mi aprendizaje fue rápido, el estímulo de los premios que fui conquistando me empujaba a incursionar cada vez más lejos”

Pese a la demanda acuciante de sus instintos, Thom Quarck, no se unió al tour de violaciones mentales organizado por Sifilósofo y otros nuevos depravados salidos del sector mutágeno del CIP. Pero sí se abrió paso con los Integracionistas, entre los practicantes del vertiginoso Salto del Picaflor.

Más tarde o más temprano todos terminaríamos descubriendo que, aunque nunca se hablaba explícitamente de ello, existía un reglamento sordomudo que era menester conocer y respetar si se quería llegar a alguna parte. También había posibilidades de escalar más deprisa y conquistar harenes ajenos. Se podía incluso llegar a sabotear El Salón de las Vírgenes del monasterio, máximo logro perseguido por los osados del programa. Pero había grandes riesgos paralelos a esos quehaceres, condenas extrañas y brutales emitidas por los del Consejo de Salem, verdugos que luego se encargaban de restar pulsos de vida a los infractores o adictos al placer, obligándoles a inhalar gas hilarante con demasiada asiduidad. Otro castigo consistía en la llamada “intervención cerebral a cráneo abierto” que obligaba al condenado a someterse a un seguimiento experimental en el que el cerebro funcionaba prácticamente a la intemperie durante 653 días.

La Hermandad de Parturientas de Aquís tenía sus cielos e infiernos compartidos con nuestro Instituto y este proceso existía ¡Desde hacía doce años atrás, por lo menos! Toda una historia.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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