Sobre la muerte. Parte 1



Parece haber y parece no haber

Estas son las premisas que se desarrollarán en las partes correspondientes de este ensayo.

– No puede haber muerte absoluta. Implicaría la verdad del límite, de la nada, del principio y del fin.

– Lo que hoy parece ser, mañana, puede parecer dejar de ser.

– Preguntas en torno a: ¿Qué pasa con el “cuerpo mental” al morir?

– No parece probable la continuidad de la mente sin el cuerpo. Pero… ¿Existe el cuerpo?

– Es impensable pensar en el final o desaparición de la identidad ya que nada puede faltar en el Todo.

-La dualidad cuerpo – alma es una conclusión precipitada, marchita y cómoda porque la predican todos los credos desde hace más de 10 mil años.

– La teoría de la reencarnación es innecesaria.

– Creo que sí se utiliza la energía contenida en la experiencia precisamente en su colapso hacia atrás en el tiempo, su desaparición.

– La muerte sería entonces un desahacer todo lo que pasó en un estrato más básico que el espacio-tiempo.

Límites de la presencia

No tenía pensado tocar el tema de la muerte hasta más adelante. El deceso existencial de un amigo del que no alcancé a despedirme me impulsa a apurar esta temática que es, sin duda, uno de los misterios más celosamente cuidados por el Cancerbero del Hades.

Si los epicúreos eludieron el problema del deceso diciendo que “la muerte no nos concierne” porque cuando estamos ella no está y cuando ella está nosotros no estamos, para los existencialistas se convierte en la cuestión insoluble que le sirve de base para sentirse siempre inseguros, al filo del final, al borde del abismo.

– ¿El existencialismo es una corriente filosófica?
– Sí, hay una literatura existencialista también.
– ¿De qué se trata?
– Se encarga de sobresaltar los absurdos que aparecen en las bases del ser humano, en su desconocimiento esencial y en el destino caprichoso que lo arrastra a la búsqueda de un orden que no puede encontrar y donde la cosntante es la nausea, la nada, lo absurdo, el sinsentido de vivir…
– La muerte debe ser uno de estos escollos insalvables para esta visión atormentada del desconcierto.
– Sí, por eso conviene ver si hay o no una solución para salvar este obstáculo.

En breve desarrollaremos la muerte desde la visión integracionista, una explicación que puede estar contestando a una pregunta tan vieja como el hombre:

¿Qué sucede cuando alguien se muere?

Por lo general, la existencia de un cese de las funciones del organismo, es un tabú generador de pavor en nuestra sociedad. Cuando no, es común reaccionar con rabia:

“…Esta puta vieja y fría nos tumba sin avisar”
José Carvajal, El Sabalero (cantautor del folklore uruguayo) “No te vayas nunca, compañera”

La causa de este miedo colectivo es precisamente la condición de tema “intocable”. Pero… ¿Por qué asusta hablar de la muerte?

Tal vez porque hasta el momento no han sabido resolver el dilema y eso genera en las personas una gran frustración y un deseo oculto, casi siempre inconsciente, de desvelar el misterio aunque ello deba hacerse a costa de la propia vida. El llamado instinto de muerte del que habló el médico austríaco Sigmund Freud.

solución de la muerte

Tentativas de definir la muerte

Además de ser una barrera importante para el conocimiento humano, la muerte, se ha convertido en un eje religioso tanto en el dogma cristiano como en otras creencias como los son las tradiciones del hinduísmo.

Nadie duda que el catolicismo es un verdadero culto a los muertos, a los sufrientes mártires y a las almas que si no tienen cielo o infierno, encontrarán, desde esta visión, un sitio de espera hasta el juicio final en el purgatorio.

La muerte física cobra un significado especial en las religiones de Oriente donde se cultiva la idea de continuidad en procura de que cada persona cumpla una misión o proceso purificador.

La llamada metempsicosis o reencarnación permite, mediante cada nacimiento y existencia individual, la oportunidad de purgar su karma, es decir, saneando mediante acciones buenas o sufrimiento, las acciones malas hechas en otras vidas, según la concepción kármica de la evolución hacia el Atma.

Otra postura más escéptica es la que toma la ciencia respecto al fin de la existencia. Para los médicos, el cese de las funciones vitales conduce inexorabelmente al desorden, la fuga de todo proceso mental como cuando se desenchufa una pc.

La opinión científica clásica asegura que en el momento de la muerte cerebral, el individuo deja de serlo como tal, se rompe abruptamente la cadena de experiencia conciente y ya no hay persona ahí, sino solo los restos de lo que fue un organismo. Algo vivo, en un momento dado, pasa a estar inerte sin mayor trámite.

Son las conclusiones que se deducen de la observación fenoménica del ocaso, es decir, la manifestación del límite en lo que “aparece”, las fallas en lo que alcanzamos a percibir.

Los cambios que se operan en el mismo instante en que sobreviene el fallecemiento desencadenan, en este sentido, un proceso irreversible que significa el aniquilamiento de lo que creíamos que estaba. Ya no hay marcha atrás.

En ese proceso de descomposición que comienza en el último suspiro, se podrá observar el recorrido inverso de la complejidad celular, de regreso a sus componentes elementales:

La sangre hecha fibras (Más técnicamente fibrina- fibrinógeno) dejará las arterias vacías, secas, como túneles, los mismos que engañaron a los médicos griegos que pensaron, tras abrir un cadáver, que por las arterias fluía el aire, de ahí el nombre arteria.

Los gases, en lo que fuera el tracto digestivo, harán explotar el vientre, donde quedará un boquete y, poco a poco, el cuerpo se irá volviendo líquido, amoníaco y otros compuestos cada vez más simples.

Revisión de algunos mitos en torno a este tema

Pero en tanto cada explicación busca resolver una duda planteada dentro del campo intelectual, será pués dentro de este mismo campo contestada y, la respuesta, con argumentos lógicos y revisiones de rigor racional, será puesta a prueba como lo exige una regla moral, filosófica pero, por sobre todo, un requisito presente en la pregunta misma: Ser debidamente resuelta.

Los que creen que el alma es la otorgadora de la vida y suponen que el cuerpo muerto es abandonado por ella como una cáscara mientras que, imperceptible, el espíritu o cuerpo etérico flota en otras dimensiones, con plena conciencia de sí, tocarán con los siguientes incovenientes:

1) Si el cuerpo no puede estar sin el alma ¿Cómo podrá el alma estar sin el cuerpo?

2) Si el alma no es física sino mental ¿Por qué debería tener alguna apariencia? Y si no tuviera apariencia sino que sería un soporte invisible, imperceptible de datos, ¿De dónde sacaría los datos?

3) ¿Por qué habríamos de aceptar la partición cuerpo alma si el cuerpo puede ser un pensamiento sólido y parcial de algo que hay pero que no es eso?

La identidad o conciencia de sí es más bien una sensación, eso es lo que es la realidad. Hay una noción de tener un cuerpo, sensación de prensencia desde él. Sin cuerpo, la conciencia de sí corre el riesgo de ir olvidando su forma original, ya que el cuerpo dentro del cajón se corrompe, la forma humanoide que se le atribuye al alma sería, al final, un recuerdo del cuerpo.

Pero si llamamos “yo” al complejo que ha supuesto la experiencia e interacción con otros elementos, con los canales sensorios relacionados al alcance de su percepción, ese “yo” tiene una dependencia de sus instrumentos de medición, concibe su universo y su propia identidad a partir de los sentidos y la conclusión, conciente o no, de dicha estadística sensorial.

Sin tener alerta los sentidos, sería interesante saber cómo verían el mundo los difuntos, ya que el cuerpo muerto no podría estar operando ni procesando información actual, en el sentido que lo hace una persona viva y despierta.

Así es que habiéndose desprendido, ya no de mediciones subjetivas, sino que del aparato de medición (un ingenio que sirve para leer lo que hay), el cuerpo psíquico desnudo no se alimentará con las impresiones que de ordinario rescata un cuerpo vivo, componiendo su mundo en la retina del ojo, en los receptores de frío y de la textura, la constitución del presente por virtud del tacto, el gusto, el olfato, la vista y el oído.

Ocurre que habrá un olvido paulatino de la actual forma de ver el mundo ya que, además de lo ahora visible, se estará contemplando aquellas regiones antes invisibles y ahora detectables mediante gafas especiales capaces de detectar visulamente ondas electromagnéticas no perceptibles a la retina.

Pese a todo, una continuidad de la presencia parece una demanda lógica ya que es precisamente la desaparición del “yo” pensante, lo que más cuesta aceptar tras el detenimiento del reloj cardíaco.

En efecto, tras un montón de años construyendo la personalidad, la opinión, el gusto, el carácter, las estrategias de sobrevivencia; un aprendizaje complejo que se adentra en distintas artes y escuelas, los ajustes y acomodaciones piagetanos, etc. todo para que, en una abrir y cerrar de ojos, el artífice de tal realidad (el ser vivo) desaparezca en la nada…Esa es la postura del científico ortodoxo, el clásico, el “inmediatismo baconiano” que afirma un mundo sin sentido.

La mirada materialista responde solo a lo que pasa ante la cortedad del complejo receptivo, no responde sobre la naturaleza de la vida, nada dice de la conciecia, la respuesta que dan los más necios representantes de la Teoría del Big bang es la siguiente:

“Entre las millones de combinaciones posibles la vida, las macromoléculas, las células primigenias son una de las tantas posibles en el gran número de encuentros de ondas y partículas”.

¿Una combinación entre miles de millones?
¿Una casualidad?

Algo así como tirar colores, sin orden, muchas veces, al azar, “ensuciar inadvertidamente” un lienzo y comprobar, en una de las tantas mezclas, que sin intención se ha formado en la tela la Giocconda de Da Vinci.

La muerte o el fin de un sistema es totalmente comprensible en un universo que admite un principio y un final. Pero el problema es que un universo así solo cabe en la ignorancia de la esencia de todo, de la información y la conciencia como generadoras de sensación de universo físico, sensación de la existencia, sensación de muerte.

La teoría de la reencarnación pierde fuerza porque faltan almas para tantos niños que nacen, cuestión que algunos solucionan encarnando en esos pequeños cuerpos animales evolucionados…mmm, dudoso.

Otra flaqueza de la idea de reencarnación se encuentra en lo innecesario que se hace este recurso de meter almas en cuerpos sucesivos borrando toda memoria anterior.

Queda claro que si al nacer hemos olvidado todo respecto a la vida anterior, si tal liempieza es absoluta, no importaría nada que hubiera habido otras vidas antes. Serían solo eso: “otras vidas” que, al estar desconectadas en tanto experiencia, sería lo mismo que hablar del nacimiento desde cero, sin ideas innatas, sin recuerdos de antes, sin vidas anteriores.

Por otro lado esta purificación del alma mediante vidas y muertes sucesivas conduce a una cuestión aun más difícil de comprender:

¿Por qué había de haber una purificación, un camino hacia la perfección?

¿Es que acaso puede haber algo originalmente fallado, imperfecto por naturaleza?

¿Cómo puede existir un tránsito desde lo imperfecto a lo perfecto?

¿No es claramente imposible, como lo supo Parménides, el pasaje del Ser al No Ser?

Continuaremos con esto en artículos venideros, porque hasta aquí solo hemos preparado el camino para el verdadero análisis.

Continue leyendo La muerte parte 2

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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