La creación: Un concepto humano


La imposibilidad metafísica de la “Creación”

Insistir en pensar y decir que Dios creó todo lo que hay es hablar muy mal del Ser supremo.

Es suponerlo casi humano metido en un tiempo que, como a nosotros, también a él lo somete y le da fecha y hora para “crear” el universo ahí, ni antes ni después.

Es asegurar que Dios termina donde empieza su obra o en el borde entre lo perfecto y lo imperfecto.

Es tan absurdo como decir que Dios lo sabe todo pero aun así desconoce lo que todos conocemos, la sensación de no saber nada o casi nada.

El verbo crear se ha manipulado mucho sin poner primero las reservas que este concepto despierta desde dificultad lógica en el campo de la sustancia.

Pero así, como lo describe el Génesis y otras creencias cracionistas, el discernir sobre el principio de todo lo que vemos está condicionado a creer en pautas de principio y fin universales, más allá de la subjetividad de la conciencia observadora y de las leyes que llamamos naturales.

El verbo crear se entiende  en un ámbito humano donde hay infinitas cosas “no percibidas antes” por esta consciencia en “formación” que llama nuevo a un fenómeno que antes no veía.

Pero la aparición de lo nuevo, algo netamente fenomenológico, va enlazada con dos limitaciones que nunca podrían alcanzar a Dios. Si lo envuelven  en su forma auto-ignorada, en su olvido de sí, pero jamás lo nuevo podrá estar cuando Dios es omniconsciente, ya que lo sabe y conoce todo, nada es nuevo para él.

En este punto haré notar lo siguiente:


En su estado de conciencia más alto, cuando lo sabe todo y donde lo sabe todo, “el que todo lo sabe” desconoce la ignorancia, la sensación del suspenso, las cosquillas de las ansias, la incertidumbre y la sorpresa. No conoce, desde su perspectiva invulnerable, la sensación de perder.

Siendo así que si Dios lo supiera siempre todo, no sabría lo que es desconocer, cosa que sí sabe cuando encarna, en la conciencia colectiva y en una permanente sensación de conciencia individual, al ser existencial, conociéndose pero sin saberse, en este estado, porque ya se sabe, en un fondo o sustrato, el Ser siempre se sabe, como si esto fuera un respaldo universal.

Decir que Dios, el ser absoluto, es creador es una consecuencia de la miopía a la hora de “ver” las contradicciones que acarrearía la posibilidad de crear desde la nada:

Las vías aristotélico-tomistas desactivadas

Sí, claro que es absurdo decir que no hay Dios, que no hay Ser total, que no hay vida “siempre”, pero también lo es suponer que existe una obra divina.

  • La imperfección atribuida a la obra divina mancha al autor – Absurdo pues Dios es incorruptible.
  • La necesidad de castigar al hombre por sus desobediencias implica la libertad de hacer lo contrario a lo que sugiere el que jamás se equivoca ¿Cómo podría ser castigada la libertad? ¿Cómo podría Dios no saber que le desobedecería una de sus creaciones?
  • La creación significa que había un lugar done no estaba Dios, es decir que ataca la idea de un Dios infinito, propiedades que en las religiones no han notado mayormente la incompatibilidad y siguen entendiendo a Dios como infinito, eterno y creador.
  • La finalidad para aun más absurda. Dios crearía seres para que les desobedecieran, con una misión de regreso, al lugar de donde salió, pero… ¿Dónde está el hombre y las creaturas sino en el Propio Dios?
  • Dios explicado desde la dinámica aristotélica de la causa y efecto, Dios como causa del mundo, no tiene agarradero lógico ya que la misma regla nos pregunta sobre la causa de Dios y así por otra y sin fin….por lo que es más lógico pensar que, de alguna forma, el universo siempre existió, luego es Dios.
  • No este universo extendido, sino él más lo que no vemos en él, y eso que no vemos modifica el resultado cuando lo veamos y cuando lo sabemos no permiten vivir en la conciencia de dos realidades, una más concreta e impuesta por el momento histórico y otra que permite que hayan momentos históricos desde una presencia adimensional.

    No hay entonces creación y si una presencia de todo que no rinde, en última instancia, cuentas a ninguna de las categorías kantianas, un Dios adimensional que se sabe y se conoce  conservando su vastedad en la posibilidad de autoignorarse lo suficiente como para perder la vista mirando, en su seno, una sensación:

    La infinitud de lo que parece ser que muestra la adimensionalidad de lo que es.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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