evolución mental de las especies


El ácaro, el humano y Dios

Después de mucho repetirlo ya parece obvio que la mente, más precisamente “el alcance de la mente observadora” o la conciencia, es un elemento indispensable y condicionador en “la construcción de la realidad”.

Si reunimos unas condiciones determinadas se generará un fenómeno que ya conocemos…

Si echamos un barco en el agua flotará, si soltamos a una paloma sana volará, todo ello siempre y cuando hayan otras muchas condiciones presentes, como que esto ocurra en el planeta y no en la trompa de un elefante, donde habrán cambiado las condiciones de referencia.

¿Qué significa esto?

En una escala de menor tamaño puede haber un insignificante ser, un ácaro, para definirlo un poco más, recorriendo lo que para él es una paisaje de lomas y rugosas formaciones.

La panorámica “sensorial”, visual o táctil del ácaro tiene un corto alcance, menor de un centímetro a la redonda y sus cálculos instintivos o de coordinación de datos le otorgaría un área ligeramente mayor, a lo sumo en un radio de 2 cm. a la redonda.

El terreno es más o menos apto para sus iguales, otros ácaros, en las diferentes zonas, aunque nunca se ha podido explorar todo el territorio y hay ciertos terremotos de origen desconocido (¿será el HAARP, otra vez?)

Un grupo de ácaros científicos hallaron rastros de vida en los cultivos de sus poblaciones. Un visionario se atrevió a decir, desde el submundo del que formaba parte, una frase que se haría célebre entre las nuevas filosofías de tercera “era microbiana:

“Nos estamos comiendo a un ser”

De aquí surge la idea de la antropofagia universal como forma de sobrevivir, el llamado robo de energías, resultado de las luchas por el poder microbiano que infecta el mundo y siempre  lo ha mantenido en cuarentena…

Pero en el año 000, que empieza recién luego de la toma de conciencia, digamos la evolución más destacada de esta acarópolis superpoblada, se hace un descubrimiento que cambia la dirección filosófica de esta diminuta sociedad de corto alcance y conclusión:

En realidad los cultivos, las partículas que representaban sus recursos alimenticios, eran trozos muertos de algo vivo.

El ácaro de este cuento tiene sólo 2 sentidos: visión y tacto. Una visión plana, es decir, que no percibe el mundo en tres dimensiones sino que como si fuera un papel.

Así también el mundo del los ácaros sería bidimensional, largo y ancho, pero le faltaría la profundidad del volumen que manifiesta la tridimensionalidad en lo cóncavo y convexo.

De tener un recuerdo, el recuerdo del bicho sería así, plano como su mundo y en una gama no muy rica de sensaciones táctiles, se recrearía el universo lleno de incertidumbres del ácaro.

Nunca falta algún “microorganismo” necio que afirme:

“Nada se puede saber del origen de los temblores ni del extraño y caprichoso clima que gobierna nuestro mundo”.

Pero el desarrollo de esta sociedad de bichitos pequeños, va modificando su mapa de realidad, sus modelos del terreno y sus teorías sobre lo que es el mundo en el que se desarrolla su cultura acarina.

Tanto así que sospechan de una tercera dimensión invisible a simple vista.

Sólo luego de múltiples cálculos, donde involucran una tercera dimensión que nunca han visto ni tocado aunque siempre han estado dentro de ella, los ácaros podrían vislumbrar el modelo explicativo del mundo donde están parados:

“Vivimos en una trompa, el universo es un elefante”

Cuando se comprende la tercera dimensión y luego la cuarta, es decir el tiempo, las concepciones anteriores, como la que está impresa ante nuestros ojos desde la última mutación de los sentidos (hombre moderno hace unos 10 mil años), queda obsoleta aunque siempre estará mostrando su mentira ante nuestros percepción inmediata.

En grandes períodos de tiempo se naturalizan los hallazgos de la conciencia colectiva mediante la concreción de la realidad, un consenso instintivo de la raza manifiesto en los patrones comunes de percibir el mundo, algo que el psicoanalista Gustavo Jung llamo el Inconsciente Colectivo.

Siendo así la conciencia un elemento indispensable en la manifestación del mundo material, de acuerdo a las implicancias del efecto observador, en física cuántica, no sería una mala idea mirar hacia la fuente que observa, pensar incluso que puede, ella misma, estar proyectado su alcance, su fisonomía, insuflando vida a su propio y creciente ordenamiento de las cosas.

La conciencia recupera datos y rearma, cada cierto tiempo, un modelo nuevo y actualizado del universo en última instancia.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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