Recorrido Inverso. Parte 2


Me interesó mucho su teoría regresiva del tiempo “La vida al revés”. Es, en realidad, una de las posibles consecuencias del proceso de implosión que supone que el tiempo empezaría la cuenta regresiva. Sin embargo ciertas cuestiones me inquietan al pensar en esa posibilidad.

Por ejemplo veamos un acontecimiento corriente como el de a continuación:

Juan, un mecánico de nuestra ciudad, va al mercado compra porotos y una Coca Cola en el kiosco. Los cuece, los deja enfriar un poco y se come dos platos. Bebe tres vasos de gaseosa. Sale al patio y desaloja cinco gases sonoros.

Suena el teléfono y corre a atender la llamada, tropieza con la mesa y la botella cae y se hace añicos en el suelo. Cuando levanta el tubo descubre que era equivocado y rezonga: “marcá bien el número, retardado” La tensión le provoca ganas de ir al baño y se sienta en el inodoro. Luego de evacuar se limpia concienzudamente el recto y se va derecho a la cama a dormir la siesta.

Al invertir este simple y cotidiano hecho, profundizamos y descubrimos que las cosas no resultan tan gratas como a primera vista. Veamos:

Juan sale de la cama, caminando marcha atrás se sienta en el inodoro después de limpiarse el ano, mientras tanto, en el colector municipal comienzan a separarse los flotantes cúmulos fecales, llamados “deshechos de Juan”, del resto de material de la ciudad. Los recién nombrados aparecen repentinamente en el water de Juan mientras la cisterna recupera el agua de las cañerías. Estas formaciones se introducen en el organismo de Juan por el orificio donde una vez salieron y comienzan a transformarse en el puré con milanesas que regurgitará (vomitará) mañana a pequeñas porciones sobre el tenedor. Cuando finalmente suba sus pantalones, el personaje, siempre marchando hacia atrás, irá hasta el teléfono murmurará algo parecido a: “odadrater, oremún le neib ácram” muy molesto, recién después escuchará un graznido en el tubo  para luego dejarlo precipitadamente  y salir corriendo para posibilitar que los vidrios de la botella se junten luego de un sonido de cristales y salten, ya compuestos, arriba de la mesa.

Juan sale al patio e incorpora en su organismo cinco gases del espacio circundante que se apresuran a entrar haciendo, a espaldas suyas, sonidos extraños. Un momento después estará devolviendo de a cucharadas los porotos y de a sorbos la gaseosa en sus eventuales recipientes.

La comida se calentará en el plato hasta que Juan la vuelve a la olla donde comienzan a encrudecerse paulatinamente los alimentos que van disminuyendo de temperatura. La Coca Cola ya se selló con todo su gas dentro y está en le heladera y Juan sale con ella y los porotos caminando de espaldas. El feriante parece comprar los porotos producidos por el vomitador, porque pesa la mercadería y la devuelve al cajón luego de darle cierta cantidad de dinero a Juan que a su vez lo reunirá con el resto del dinero de la Coca Cola entregada en el kiosco.

Se entiende que este dinero terminara en un sobre que dirá “sueldo de Juan” pero que fue escrito desde de derecha a izquierda y será llevado al banco por nuestro protagonista al cabo de tres días, con más dinero,  para cambiarlo por un cheque que Juan le dará a su jefe por permitirle desarreglar motores en su taller. Los mismos vehículos,  en el día menos pensado, y ya rotos, se los lleva un guinche o se van empujando a un señor, de la forma más insólita.

La única manera en que Juan pueda manejar su taiF avanzando de frente es cuando pone reversa aunque, en  ruta, desanda  terreno hasta a 120 Km/h. manejando de espaldas, de noche y con luces muy cortas atrás (Las de posición); igual no teme, porque sabe a ciencia cierta que nada fatal le va a acontecer.

¿Juan es feliz?

Su relación sexual comienza con la más patológica de las eyaculaciones precoces y termina, sin orgasmo alguno, en la flacidez total. Sabe que tendrá que destrabajar mucho para poder devolver el Fiat a la automotora al día siguiente de su compra para que ésta lo deposite en la planta de desfabricación. Sabe también que en cualquier momento dejará de conocer a su novia mientras que segundo a segundo se irá olvidando de lo recién aprendido. El conocimiento exacto de lo que va a pasar le costaría a Juan el olvido absoluto de lo que ya pasó.

Eso y otras cosas dan mucho que pensar a la hora de hablar de la vida al revés.

Saludos 

PD: Ni se le ocurra pensar que no creo en El recorrido Inverso (como autor de la misma teoría creo en ella), sólo que me resulta difícil imaginarla.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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