El vacío. Parte 2


Viene de: El vacío. Parte 1

En la primera parte mencionamos que no hay fragmentación verdadera sino una sensación de vacíos en el cuerpo total del universo, es decir, lo que se alcanza a ver de la totalidad desde la autoconciencia del Ser, lo que se percibe del universo.

Resumimos entonces hasta aquí lo siguiente:

  • El mundo que entra por nuestros sentidos no llega a explicarse a sí mismo
  • Los cuerpos se presentan ante los sentidos como espacios llenos rodeados por espacios vacíos y separados entre sí por vacíos.
  • Se comprende hasta aquí que hay mucho “vacío” y poco “lleno” y llamamos movimiento de los cuerpos al desplazamiento de los cuerpos a través del vacío.
  • Recordamos que los vacíos no solo involucran la materia. Pueden haber vacíos en la memoria de una persona, vacíos musicales, vacíos conceptuales, vacíos sensoriales…
  • Comprobamos de pronto, rescatando la sabiduría oriental ciertas nociones de la utilidad de los vacíos.
  • Por último, nos referimos a la prolongación de los sentidos por medio de aparatos (telescopios, microscopios, termómetros, etc.) capaces de captar determinadas formas de presencia en lo que creíamos estaba vacío y que, además, descubren mayores vacíos dentro de lo lleno.

En este punto comienza a vislumbrarse la materia como resultado de una percepción pobre, como un aparato de radio que solo capta una estrecha banda de ondas. Se dice que la materia es una forma en que se manifiesta la energía y que no hay, físicamente hablando, un vacío absoluto.

En un experimento imaginario se explica porqué no hay, desde el aspecto físico, un vacío total.

Si por medio de una bomba de vacío se desalojara (hipotéticamente) de todo contenido un recipiente aislado, de paredes reflectantes, espejadas, que son las que rebotan toda radiación de luz, toda forma de “existencia material” y luego, por un huequito acondicionado para eso, se irradiara luz dentro del recipiente, como la luz son fotones, partículas sin masa, el recipiente debería seguir vacío.

Pero no es lo que ocurre. Al entrar un chorro de luz, algunos fotones colisionarán, chocarán entre sí y de este tipo de colisiones emergen, repentinamente, de una realidad virtual, los electrones, ladrillos básicos de la materia porque, aunque de masa muy pequeña, los electrones están clasificados dentro de la familia llamada leptones, que son partículas intraatómicas cargadas y con una masa mínima, unas 2000 veces más pequeña que la masa del protón.

Esta magia quiere decir que de la aparente nada, del llamado vacío absoluto (que no lo es nunca) saltan a la realidad fenómenos perceptibles en la escala del ojo humano y del tacto, etc. ya que la formación de muchos electrones los hará colisionar también para seguir generando, del vacío, nuevas partículas aun más exóticas como los muones o mesones y los mesones pi, que son los “precursores” del núcleo atómico.

Sin embargo la existencia o no del fenómeno parece depender de la presencia de una mente observadora. El comportamiento de los electrones, ladrillos de la materia, como hemos dicho, se modifica cuando hay un “ojo” observándolos.

Pero… ¿Dónde sucede la sensación? ¿Qué o quién hace la lectura salpicada de este texto que se esconde y reaparece?

Se entiende que el proceso observacional, es decir, el verbo “reflexionar”, saber acerca de algo, lo que llamamos lectura de la vida, es una situación donde intervienen varios elementos, ciertamente se concibe como “algo” percibiendo otro “algo”. Por ejemplo un niño observando una manzana.

Separamos así la manzana del niño para hablar del niño como el sujeto observador y la manzana como objeto observado. Esta fragmentación del proceso o evento llamado observación se conoce como método científico porque a partir de allí vendrá una cadena de experimentos sobre la manzana.

Así es como ha operado la ciencia clásica hasta que ha surgido un fenómeno llamado por los teóricos de la física cuántica el efecto observador.

En el famoso experimento de la doble rendija se comprobó este comportamiento “susceptible”, del electrón, a “convertirse” en partícula cuando se le está observando y cuando no, manifestarse como onda dejando del otro lado de las rendijas un patrón de interferencias reforzado en la banda central.

A partir de este “momento” podemos dejar de ver la materia como algo separado de la conciencia. Por fin el ser humano se ha hecho cargo que está dentro del sistema y que el universo es una red con relaciones múltiples y recíprocas.

La nueva física trajo también a la posibilidad las fantasías de la teletransportación. Cuando los físicos han separado un electrón de un átomo a miles de kilómetros (New York –Tokio) se ha comprobado que tras estimular con energía al sistema, instantáneamente reaccionaba la partícula en las antípodas. Las explicaciones solo podían ser dos:

  • O la velocidad de la señal, entre el átomo y su partícula separada, es infinita. Cuestión que se descarta por absurda.
  • O el espacio entre New York y Tokio, igual que el complejo espaciotemporal, no es más que una sensación,  un recurso mental para medir información recortada. No existen las distancias.

Esta segunda opción ha sido propuesta por el nuevo Einstein de Nueva Zelandia, un joven de apellido Linch que resolvió las aporías de Zenón que planteaban incongruencia en la matemática por el tema de límites e infinito. Linch resolvió el dilema de Aquiles, que no alcanza la tortuga, y de la flecha que nunca llega al blanco diciendo:

No hay movimiento porque no hay punto de referencia inmóvil ni para medir distancias ni para medir el tiempo. No hay más que recursos estadísticos midiendo probabilidades de ser.

Para entender la incidencia del observador en lo observado y viceversa revisaremos, en la parte III de Noción de vacío, la dualidad dentro del Uno, donde el ser se sabe y donde el ser se conoce, el lleno y el “casi vacío” en la conciencia del Ser.

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Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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4 respuestas a El vacío. Parte 2

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  4. muy bueno….no lo habia pensado asi

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