La falta de credibilidad política


Así no se puede gobernar

Una nación puede declararse ingobernable simplemente porque su gente no confía en el sistema que lo rige. Así, si este se jactara de ser un gobierno democrático, el hecho de que nadie crea en él, lo estaría transformando de inmediato en una mentira.

El problema seguramente está en las pocas garantías que da al pueblo, el gobierno que asume, de que cumplirá las promesas hechas durante la campaña electoral.

Hasta que no haya una constitución que obligue a los políticos a dimensionar la seriedad de la propuesta de gobierno de cada candidato y dejar constancia de ella mediante un compromiso firmado por todos los integrantes de un nuevo gobierno, la política seguirá siendo una tontería.

Por lo pronto la estafa que los políticos le hacen al pueblo y a la democracia es legalmente inabordable ya que las apreciaciones de los costos y la realidad económica del país “se dice” que modifica las primeras estimaciones y dan por suelo con las “buenas intenciones”.

Pués bien, ese no es problema del votante sino del que hizo una promesa de palabra ante los medios, que por esta palabra dada es que se eligió, entre otros candidatos y, de la suma de promesas, hay constancia física en grabaciones y videos.

El mérito de gobernar un país supone compromisos mayores que los que de ordinario se tienen en cualquier empresa.

Los contratos existen precisamente para que la palabra se cumpla, para que el compromiso quede registrado.

¿No es un compromiso acaso el que adquiere un presidente electo por su propuesta de gobierno?

¿No hay garantías para este compromiso, no hay documentos?

Por ahora los diputados y senadores, así mismo los presidentes, se ven reacios a votar leyes que moderen sus sueldos o que los obliguen al cumplimiento de sus palabras.

¿Será porque son ellos mismos los que tienen que votar las leyes, promulgarlas y asegurarse de velar por su cumplimiento?

Los gobernados, la gente del pueblo ya somos adultos, ya pasó nuestra infancia de cuentos e ingenuidades.

Les digo a los promotores del pacto social, que es un pacto donde nunca nos preguntaron nada, es entonces “su pacto” no nuestro pacto.

Les digo a los poderosos que meten la mano en la educación de nuestros hijos que los programas educativos nunca los votamos nosotros, jamás nos consultaron y mandamos a nuestros niños por la obligatoriedad, obtenida por la gratuidad del “servicio”, un servicio donde los educan para ese mundo planeado por unos pocos.

Tenemos razones para decir que no, que hay otras formas de enseñaza válidas, muchas veces educamos a nuestros hijos mediante las correcciones de lo que desaprenden en la escuela.

La vida nos enseña todo, a amar, a preguntar, a buscar, a aprender, la educación sin fronteras es una respuesta a la pregunta ¿Entonces cómo?…

La democracia empieza así:
Basta, señores de los medios, señores de la educación impresa, basta ya de manosear la verdad, de adornar con brillantina la insulsa farsa de cada día… muestren la verdad, basta de hacernos creer que elijimos algo porque solo somos nosotros cuando gritamos: ¡Basta!

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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