Mujeres bonitas: Esclavitud en el Siglo XXI


Por Karina Araya

Hace algunas horas, mientras buscaba algo en la televisión que facilitara la inconsciencia mental y me permitiera conciliar el sueño, me encontré con una entrevista realizada a la escritora latinoamericana Isabel Allende quien hablaba de su última creación literaria: “La isla bajo el Mar”. La temática central de ésta obra es la esclavitud a finales del Siglo XVII.

En el transcurso de la entrevista vi perdido mi objetivo inicial puesto que por mi mente cruzaron decenas de ideas relacionadas con la esclavitud del siglo actual. Es frustrante reconocer que la esclavitud continúa latente pues somos esclavos de la moda, del tiempo, del materialismo desenfrenado, de nuestras responsabilidades y, por sobre todo, de lo que la sociedad ha impuesto como normas de vida.

Uno de estos valores impuestos socialmente son los estereotipos estéticos femeninos que opacan toda suerte atractivos y dotes que no pasen por la belleza física. Es decir que, cuando los medios presentan un prototipo de mujer exitosa ponen en la pantalla, o en la foto, una fémina delgada, de buena apariencia, con un currículum intachable, etc. y… siendo sinceros, lo que en realidad pesa son los dos puntos primeros.

Este tipo de evaluación estética obliga a muchas compañeras de género a someterse a un sinfín de operaciones quirúrgicas hasta el punto, incluso, de arriesgar sus propias vidas. Dichas intervenciones, modelan la anatomía de un modo impresionante, cambiando los rasgos faciales, que marcan la personalidad de cada individuo.

Vale la pena, entonces, preguntarse:
¿Tiene efectivamente la belleza física importancia en la eficiencia, suspicacia, capacidad de análisis y resolución de problemas?
¿O es que la inteligencia pasa a segundo plano a la hora de una evaluación profesional?
¿Y si es esto lo que ocurre qué nos cabe decir de ello a las mujeres?
¿No asoma aquí acaso una esclavitud colectiva y dañina en tanto se cosifica el espíritu de la mujer reduciéndola a uno de sus aspectos?

Me atrevería a cuestionar incluso esta esclavitud de la mente al deseo, servilismo de la psiquis al cuerpo, como un retroceso al Edén machista, un Paraíso ahora “pasteurizado” en liberalismo de mercado donde la mujer es otra pieza más en la vitrina. La sublimidad de la belleza en los modales, en la prudencia, en la justeza al hablar y pensar…ha caído en desuso. Más aun cuando los medios dispersores de la conciencia, la pasarela que tan solo anima cuerpos ensayando coberturas de colores y los publicitarios “intensísimos” de la TV muestran como bellas las formas sintéticas de las siliconas. Esas “barbies” de tamaño natural que, animadas por una superficialidad de vida patológica, se pasean por los escenarios de nuestro inconsciente dejando un modelo de mujer de escaparate.

Esa mujer “de película” no existe en la realidad, es contradictoria ya que, al parecer, ha armonizado el cuidado escrupuloso de su “carrocería” con la demanda mundana y, pese a todo, conservado sano su maravilloso cerebro indemne. Ja, ja, ja. permítanme hablarles de la Eva de Holliwood, la rubia tonta que sin querer encontró la forma de quedarse con la sensualidad de la manzana y la inteligencia de la serpiente antigua.

Tristemente se “auto incorpora” el rol secundario de la mujer en la vida social, la hembra como entretenimiento, como un elemento decorativo que apuesta al dicho popular y hedonista “la comida entra por los ojos” dejando en un segundo plano lo que verdaderamente vale en nosotras, la sutil inteligencia femenina que a fuerza de ignorarla la están haciendo desaparecer.

Ahí se las ve a nuestras similares, haciendo mil bobadas, para llamar la atención, demostrando su incapacidad para pensar y su carencia de cultura general. En este rol parecen exitosas por lo que es fácil pensar: “Un buen cuerpo, con lindas facciones, garantizan el triunfo”.

Siendo realistas, hay que reconocer que el método mencionado parece la solución más rápida a las carencias económicas, la forma más eficaz de alcanzar la cumbre del “éxito” y de la admiración de las mayorías pero… En particular, prefiero avanzar lentamente, cultivar mi intelecto, manifestarme de una u otra manera, pero continuar perteneciendo al grupo de mujeres que valoran el esfuerzo implicado en las revoluciones feministas, optando por una vida esforzada, haciendo valer el derecho a educación, a voto e igualdad entre géneros, cuestiones que están aún en el “debe” de nuestra sociedad esclavizadora.

Karina Araya es una escritora chilena comprometida con los cambios de fondo por la integración de nuestra sociedad que, por el contrario a lo que vemos en este video, además de ser bonita, ha sabido apostar por el cultivo artístico y cultural de la mujer.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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