Plazoleta – Ciencia ficcion


El Cajón de Lalo

Capitulo XXII

Lalo era un humilde y desconocido estudiante hasta que diseñó su novedoso esporizador de personas.

Muchos otros estudiantes han tenido una historia, si no igual, similar a la de Lalo, sólo que por no haber inventado nada siguen siendo tan humildes y desconocidos como siempre lo han sido.

Lalo, en cambio, dos años antes de recibirse como profesor de biología fue premiado con el Nóbel por su conocimiento e ingeniosidad. Casi de inmediato fue enviado al CIP en calidad de joven prodigio.

-¿Qué es el CIP? ¿Un imán de cerebros o un cementerio de chatarra neuronal? –cuestionó el infatigable Marucho ante una audiencia de
144 000 televidentes cuando hablamos al resto del país en cadena nacional.

Lo cierto es que Lalo mejoró la primera versión del Cajón que lleva su nombre y construyó un esporizador regulable donde era posible almacenar hasta 500 personas sentadas con comodidad, en distinto grado de congelamiento, e incluso se podía revertir el proceso en un sector denominado el antiesporizador.

-¿Para qué sirve este sector del Cajón? –Le preguntaron al Dr. Genhúmano los fiscales que lo llamaron al estrado.

-El aparato se usa como incubadora para acelerar los procesos de maduración del feto –contestó éste imperturbable.

Aunque originalmente fue creado para enlentecer o detener los procesos biológicos, el genio, comprobó que su Cajón podía ser usado, además, como una especie de máquina del tiempo.

La esporización en grado 1 detenía todas las funciones del organismo, por lo que el esporizado no consumía energía pero conservaba toda su información.

-No fue una creación –alegaba el modesto superdotado –amplié y adapté la misma treta que usan algunas células bacterianas cuando entran en estados críticos.

Los honores para la sabia naturaleza, que uno no hace más que descoloridas copias.

Nadie sospechó nunca que el Consejo de Salem adoptaría el uso del Esporizador para algo tan vil como el “arte” de la condena y la tortura; mucho menos aun que terminarían encerrando en el Cajón a su propio creador.

En condiciones normales el Cajón de Lalo es del tamaño de un trasbordador espacial; fabricado enteramente con materiales orgánicos el aparato una vez esporizado queda reducido al tamaño de una televisión.

-¿Todo se empequeñece proporcionalmente ahí dentro? –se dirigió el juez, lleno de curiosidad, al reservado Dr. Genhúmano..

-De ninguna forma –explicó el aludido –las neuronas se reducen hasta un mil millones de veces su tamaño original, se compactan en fotones; mientras que el resto de las células pueden llegar a quedar visibles al microscopio electrónico.

La materia inorgánica, por el contrario, no se modifica en absoluto; permanece indiferente a la esporización.

Lo que la gente del Consejo no sabía que dentro del Cajón ciertas propiedades del cerebro límbico se potenciaban y se volvían poderosísimas, al parecer el clima del Cajón de Lalo era propicio para el desdoblamiento astral y otros prodigios paranormales.

La sublime meditación zazen, los efectos de multiplicación y hasta el flujo de tráfico psíquico se convirtieron en prácticas habituales entre los integracionista recluidos al Cajón de Lalo por desacatos a la Tabla de Hosse.

Hace no mucho tiempo un joven fakir de Plazoleta fue condenado a la esporización de grado 2 también llamada “el retorno al embrionazo”. El caso terminó en otro juicio contra Opiotta que al fin tuvo que enfrentarse con el insobornable Juez Melchor, el terror de los peces gordos del continente.

-¿Por qué fue condenado el fakir? –la pregunta fue pronunciada por el propio juez a lo que el testigo contestó heroicamente:

-Hay muchas versiones ¿Por qué no le pregunta a Opiotta que fue el que lo mandó al sector más jodido del Cajón

-Yo diría que lo mandó a la panza de su madre –dijo burlón el fiscal de distrito

-Irrelevante, intimidatorio y capcioso –rugió la defensa

-A lugar –accedió el juez -Bien, sigamos. Estábamos con la esporización en grado 2, llamada vulgarmente “regreso al embrionazo” ¿Dice Ud., Profesor…?

Se conoce que, en estos casos, el individuo era devuelto a su fase prenatal. Cuando, luego de la extirpación del gameto y su cultivo trimestral en los aceleradores biológicos, el feto era reimplantado en su útero de origen para la absorción total de las condiciones energéticas maternas. El “embrionazo” era la reinserción del párvulo en su madre y se producía a expensas del empequeñecimiento de los fetos, reducidos en el Cajón de Lalo.

-El fakir sufría de insomnio ¿No es cierto Sr. Opiotta? –mencionó astutamente la fiscalía.

En realidad había muchas personas aquejadas de este mal. Los llamados oidores del grupo de espías de Laboratorios Soma S.A. no podían dormir debido al extraordinario oído que les hacía insoportables hasta los débiles sonidos del silencio.

-El traga-sables estaba desequilibrado –lo cortó el cabecilla del Consejo de Salem –no podía dormir sin su mascota. Se había hecho adicto a la compañía de la bestia y estuvo tres años sin dormir ni dejar dormir ¿Le parece esto normal, Usía?

-Si me permite –dijo el fiscal –llamaré a un testigo – el juez asintió y el legista llamó.

-Sr. Patricio Peña, al estrado, por favor.
Quedamos atónitos ¿Qué podría declarar el Sonámbulo Peña si vivía dormido? Imposible que fuera testigo presencial de algo y menos creíble todavía era que alguien le diera crédito si decía haber registrado algún fenómeno, por vulgar que éste fuera. No creo que el fiscal creyera que la cuestión de creerle o no creerle a Peña fuera digna de tomar en cuenta, la cuestión venía por otro lado. El vacilante dormilón tomó juramento y hubo que despertarlo tres veces para que escuchara la primera pregunta.

-¿Sabe de lo que estamos hablando Sr. Peña? –el Sonámbulo dejó caer su cabeza sobre el pecho por cuarta vez -¡Peña, conteste!

-¿A mí me habla? –preguntó el aturdido.

-Póngale el peto eléctrico –pidió el fiscal.

De inmediato dos guardias trajeron una especie de babador para adultos con las terminales electrificadas hacia afuera. Aun no terminaban de sujetarle el artefacto al cuello cuando, el pobre inconsciente, cabeceó, dejó caer el mentón sobre el pecho y…

El rugido se le ahogó en la garganta porque la lengua se le atascó, los pelos se le erizaron todos, sin ninguna excepción, los ojos se le saltaron más allá de las órbitas terrestres, una alarma de incendio cerebral se escurrió por su sistema nervioso y contaminó a la galaxia de una cierta contorsión vital, un paroxismo casi masoquista del universo. Debió ser una descarga muy fuerte.

-Yo misma tomé nota de lo acontecido –me contó confidencialmente la Dra. Abdilah Gaaraf tiempo después del juicio –el voltaje le produjo una erección de 180 grados; parece haber sido su primera experiencia erótica en estado consciente.

Poco a poco, con la terapia interpretativa de los sueños, fui dilucidando el rompecabezas de su amnésica vida, dádiva de Morfeo y reencarnación unipersonal de la extensa opiomanía feudal del viejo continente.

Un domingo a mediodía, mientras los rioplatenses tomaban sus mates, los Pensadores del Sauzalito copamos los medios de prensa para sacar la verdad a flote: ¡Atención humanidad!… Se trataba del futuro del planeta, por eso usamos la fuerza aquel célebre 2 de Noviembre, cuando la Costa Atlántica le declaró la guerra a la Costa Pacífica, claro que ésta última, como siempre, prefirió no pelear.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
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