Cuento para pintores


Cuentos de Daniel Stack

        El amarillo cadmio escrutó la planicie por segunda vez. Buscaba al blanco pero no podía encontrarlo.

En la paleta de pintor

En la paleta de pintor

       

-¿Quién se te perdió ahora? –lo detuvo el celeste.

-El blanco, no lo veo por ningún lado pero presiento que anduvo por acá –contestó el amarillo con picardía.

-Sí –reconoció el otro evidentemente avergonzado –mi papá se juntó hace un rato con el azul de Prusia.

Hablar de mezclas ponía, al amarillo, inquieto.

-¿Alguien ha visto al blanco de zinc? –vociferó desesperado, tanto que  tropezó primero en una colilla de cigarro y luego con el clavo que abría los pomos nuevos.

-Todos andan atrás del blanco puro –suspiró el romántico rosado.

-¡Pero si es uno de los colores más promiscuos! De qué se las da ese albino depravado –disparó el rojo con la sangre hirviendo. Era intenso y ocupaba gran parte de la plataforma

-Callate vos que el azul te deja morado –lo atacó uno que se había escondido entre un gama de grises, cerca del extremo opuesto.

El bordó fue interpelado por el calipso pero prefirió no abordar el tema. Era mestizo también y sabía que existía gracias a la anarquía conyugal que reinaba en esa paleta en particular.

-El rojo tiene razón –sentenció el amarillo –salta a la vista que el blanco anda descontrolado. Miren –dijo señalando a un lila –el puritano se metió con el azul y con el rojo al mismo tiempo.

-También se revolcó con el negro -dijo otro mirando al gris con desprecio –aquí esta la prueba viva.

-Dejen de hablar así de papá –se enfureció el celeste.

-Pensé que era tu madre –se asombró el carmín  –al menos el blanco es la mamá biológica de la gama de grises y de la mayoría de los rosaditos…

Un universo lleno de vida

Un universo lleno de vida

-Es que el blanco es mamá de algunos y papá de otros –explicaba, el propio rosa, al color que se había formado entre el amarillo y el lila.

-Dicen que aquí todos somos hermafroditas –susurró, desde el centro de la paleta, el amarillo al azul –pero ese rosa; faaaa, que querés que te diga…Para mí, se polariza…

-¿Es gay?

-Mirale la pintita.

La proximidad de unos con otros, la conversación de esos dos opuestos, era mucha tensión para el escarlata, ese color cálido era un peligro…

El rojo se puso mas rojo, juguete de un instinto inconmensurable saltó de pronto sobre el amarillo cromo que pasó a verse como un naranja asalmonado.

-¿Quién es ese otro amarillo? –se interesó al rato el rojo adicto ya al primaveral naranja y a la fusión lumínica que se desprende de estos tonos.

-Es mi primo limón –le informó un resto del cromo reseco que andaba por ahí manchando una cortina.

-Me gusta más –exclamó el sádico invadiendo al otro amarillo que resultó ácido.

-Socorro –gritaba el pobre cítrico –me están violando.

Nadie reaccionó. Parecía irreversible, que su suerte ya estaba echada cuando un azul básico llegó transportado por una espátula mágica.

-Pará que te ayudo –se le aproximó a toda carrera muy solícito; pero finalmente fue él quien abusó de la víctima. ¡Qué mal ejemplo! ¡Un uniformado!

Pero de esta unión emergió un verde vivo parecido al de los árboles en primavera, olivos y otros militares.  

-Lo que nos faltaba –susurró el celeste cielo –un golpe de estado.

-¡Los verdes al poder! –empezaron a formar filas desde el aceituna hasta el esmeralda, todos los matices en expansión. 

Por un mandato extraño a ellos, los colores, se unían compulsivamente. Alienados por una dinámica de síntesis. Se desintegraban dos o más en uno solo, dando a luz de forma casi instantánea en el mismo momento de la cópula.

-¡Miren ese verde! –gritaron un grupo de colores ecologistas subyugados por su propio entusiasmo –es hermoso.

El rojo había sido siempre dominante. Esta aparición podía significar un enfrentamiento de poderes. El verde continuó en aumento. Por un momento la paleta pareció augurar una catástrofe. Una especie de temblor recorrió aquel pequeño universo. El rojo no dejaba de mirar al color obligado de la clorofila.

-Acaba de formarse –advirtió el amarillo –dejalo que viva un rato más.

-Sería una pena ensuciar ese espíritu vegetal…-opinó el morado, temeroso.

-Es lindo, es lindo –repetía el rosado.

Era que todos le tenían miedo al rojo, quizá porque era loco, arcaico, pasional, como la sangre. El rojo no pensaba.

-Ay, ay, ay –se sintió un murmullo. Parecía inevitable.

El rojo estaba muy serio, refulgente. Repentinamente un chorro emergió de su cuerpo, una expulsión tan fuerte que salpicó gran parte de la paleta y el verde se espantó, quiso huir, volver a descomponerse en sus raíces, pero no pudo. Y pasó lo peor, todo quedó marrón.

Acerca de INTEGRACIONISMO

Trabajo en mi pasión, la búsqueda de soluciones y de respuestas. Cuando estas preocupaciones son profundas. Las llamamos metafísica. Cuando hay que inventar una solución práctica, me gusta la ciencia
Esta entrada fue publicada en Integracionismo, narrativa, psiquismo de la no materia. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Cuento para pintores

  1. SUPER-V dijo:

    hasta el rosado íbamos bien pero el rojo se sarpó y alborotó a los demas colores . este rojo maldito , siempre revolucionario.

  2. Pingback: Los números de 2010 « Integracionismo Daniel Stack

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s