La parábola del naufragio

Posted on 5 enero 2012

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naufragio
La parábola del naufragio

 

Dos hombres navegaban cada uno en su embarcación cuando repentinamente una tormenta los arrastró lejos de cualquier ayuda.

-          Deja tu endeble bote y ven a éste – invitó el hombre bueno al otro navegante. Pero el otro le contestó de mala forma.

-          Mi bote parece débil pero, sin duda, resistirá mejor que el tuyo.

Al cabo de un rato, el hombre orgulloso se afanaba en vaciar el agua invasora que amenazaba con hundirlo, en un vaivén incesante.

-          Vamos – Insistió el hombre bueno –sube aquí antes que se haga de noche. Llovía con violencia sobre el mar.

-          No –se negó el otro, empecinado –es mi bote.

No hubo más diálogo. En la mañana la tormenta se había ido y el hombre bueno, desde la playa húmeda, echó una mirada hacia el profundo océano. Era un desierto muy hondo y satisfecho.

Explicación de la parábola del naufragio

Cuando un barco ya no flota no es más un barco.

No es, entonces, tu barco.

Tu barco solo puede ser el que puede transportarte, el que te mantenga a flote.

Atarse a algo que no es lo que creemos conduce al fracaso.

Así es como los dogmáticos se aferran a sus creencias, aunque se hundan con ellas, en el ejercicio de la necedad, el orgullo y la obstinación más infeliz.

Si hoy recibes la mano de un buen hombre que navega seguro, recupera el sentido de las cosas, no te hundas con la ficticia idea de la opinión propia, agradécele y sálvate de morir en el abismo de la inconsciencia.

La imagen es una cortesía de

http://todofondos.com/fondos/barco-hundido_229

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